El reconocido economista y subdirector del IPEC, Darío Díaz, realizó un análisis del modelo económico vigente, donde destacó que el salto de las exportaciones está basada en la extracción de los recursos naturales, combinada con una pérdida de trabajo formal aún en estos sectores como Vaca Muerta o la minería.

Además, el modelo se combina con una apertura indiscriminada que funde a la industria.
A continuación reproducimos el artículo. También se puede acceder al trabajo completo en el siguiente link.
Extractivismo argentino-Dario Diaz
Skip to PDF contentEl extractivismo argentino ya no es una hipótesis
El INDEC difundió el 17 de septiembre dos cifras que conviven mal.
El Producto Interno Bruto del segundo trimestre de 2026 creció 2,0% respecto de igual período de 2025.
El mismo producto, medido contra el trimestre anterior y descontada la estacionalidad, cayó 0,6%. La primera cifra alimentó los titulares del despegue; la segunda, que describe hacia dónde va la economía en vez de contra qué se la compara, pasó casi inadvertida.
Vale la pena mirar la segunda con detenimiento, porque adentro de ese −0,6% todos los componentes de la demanda interna retrocedieron: el consumo privado cayó 2,4%, el consumo público 2,3%, la inversión 0,8% y las importaciones 3,5%.
Un solo agregado creció: las exportaciones, 2,5%. No es un matiz contable. Es la descripción sintética de un régimen de acumulación donde lo único que empuja está orientado hacia afuera y hacia abajo, al subsuelo.
El barril destrona a la espiga
Durante más de un siglo la identidad exportadora argentina gravitó alrededor de la pampa húmeda. Las planillas del Intercambio Comercial Argentino marcan el punto de inflexión: el petróleo crudo es hoy el principal producto de exportación del país. En el primer semestre concentró 4.693 millones de dólares y el 9,5% de los despachos totales, por delante del maíz en grano (4.171 millones) y de la harina de soja (4.161 millones); acumulado a julio, la participación trepa al 9,8%. El crudo creció 47,7% interanual mientras el maíz avanzaba 6,7% y la harina de soja, 0,7%. El oro no monetario sumó 2.913 millones con una suba de 51,2%.
Sumadas las ventas de combustibles y energía a los productos primarios y a las manufacturas de origen agropecuario de escaso procesamiento, el 73,4% de las exportaciones argentinas depende hoy de la extracción de recursos naturales. Argentina se inserta en las cadenas globales de valor como proveedora de insumos críticos para la transición energética del norte global, no como productora de bienes complejos.
La aritmética laboral del enclave
Acá está el dato que ordena todo el resto, y que la discusión pública todavía no incorporó.
El sector que provee el primer producto de exportación del país, explotación de minas y canteras, ocupa 86.300 puestos de trabajo asalariado registrado privado. Sobre un total de 6.195.900, eso es el 1,4%. Y no está creciendo: ese registro cayó 8,5% interanual, la contracción sectorial más profunda de la serie. Entre noviembre de 2023 y junio de 2026 el sector perdió alrededor de 8.300 puestos formales, a los que se suman unos 600 de electricidad, gas y agua.
Conviene detenerse en la rareza de esa combinación. La producción minera creció 16,4% interanual en el segundo trimestre, las exportaciones de crudo casi se duplicaron en julio, y el empleo formal del sector es menor que cuando el ciclo empezó. No hay contradicción: hay intensidad de capital. Un pozo no convencional multiplica producción por trabajador de un modo que ninguna rama manufacturera puede replicar, y ese es precisamente el problema cuando se lo propone como motor de una economía de 46 millones de habitantes.
La objeción previsible es que el empleo del complejo no se mide en la boca del pozo sino en su periferia: construcción de ductos, logística, servicios especializados, hotelería. Es cierta, y los números provinciales la respaldan. Neuquén sumó unos 12.000 puestos privados registrados entre noviembre de 2023 y abril de 2026, un alza del 7,1% que llevó la provincia de 143.000 a casi 155.000 trabajadores registrados. Río Negro quedó 3,3% por encima de noviembre de 2023. Son las excepciones en un mapa donde casi todo lo demás retrocede.
Y ahí la objeción se agota, porque el orden de magnitud no cierra. En ese mismo lapso el empleo asalariado registrado del sector privado cayó en 246.312 puestos a nivel nacional. Por cada trabajador registrado que sumó el corazón de Vaca Muerta, el país perdió alrededor de veinte. Contando el sector público (−87.629) y las casas particulares (−20.187), la destrucción asciende a 354.128 puestos desde noviembre de 2023. En el primer semestre de 2026 se perdieron otros 46.000 en el sector privado, a razón de más de 7.500 por mes.
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Dónde fue la gente: la informalización como variable de ajuste
Si se destruyen 354.000 empleos registrados y la desocupación se ubica en 7,9%, la pregunta obligada es adónde fueron esas personas. Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del segundo trimestre, difundidos este mes, la responden con una precisión incómoda.
Entre el segundo trimestre de 2025 y el de 2026 la población ocupada de los 31 aglomerados urbanos creció en 265.000 personas. En el mismo período, la población con empleo informal creció en 348.000. La aritmética no admite rodeos: todo el aumento de la ocupación fue informal, y algo más. La tasa de empleo formal bajó de 25,2% a 24,7%; la de empleo informal subió de 19,2% a 20,2%, un aumento que el INDEC califica de estadísticamente significativo. La tasa de informalidad laboral alcanzó 45,0% de los ocupados.
Dentro de ese universo informal también cambió la composición: los trabajadores por cuenta propia pasaron de representar el 34,3% al 37,3%. El monotributo creció 8,3% desde noviembre de 2023, con 169.026 inscriptos adicionales. La estadística registra como “independientes” a quienes salieron de una nómina y entraron en una facturación mensual, sin aportes patronales, sin convenio y sin indemnización.
Este es el mecanismo concreto por el cual una economía que destruye empleo formal no muestra una desocupación explosiva.
La población excedente del modelo extractivo no aparece en las filas del desempleo: aparece cuentapropista.
Y sigue presionando sobre el mercado de trabajo aunque el indicador de desocupación no la capte.
La presión total, que suma desocupados, ocupados demandantes y disponibles, llegó a 30,8% de la población económicamente activa: tres de cada diez integrantes de la fuerza laboral buscan trabajo o quieren trabajar más horas.
Dos países en el mismo mapa
La geografía del enclave se lee en la misma encuesta.
Neuquén–Plottier exhibe una tasa de empleo de 48,9%, la segunda más alta de los 31 aglomerados relevados, superada únicamente por la Ciudad de Buenos Aires.
En el otro extremo aparecen los distritos donde vive el entramado fabril: Gran Rosario registra 11,5% de desocupación, Gran Córdoba 10,5%, Mar del Plata 9,9%, Gran La Plata 8,7%. El promedio nacional es 7,9%.
Una precisión que corresponde hacer, porque el dato circula sin ella: la tasa de desocupación de 3,2% que la EPH estima para Neuquén–Plottier tiene un coeficiente de variación de 28,3%, por encima del umbral del 25% que el propio INDEC fija para considerar una estimación confiable.
La tasa de empleo, en cambio, es robusta, y alcanza para sostener el contraste.
El concepto de enclave que formularon los estructuralistas hace seis décadas describe esto con exactitud: polos que demandan bienes de capital importados, emplean una fracción reducida y muy calificada de la fuerza de trabajo, y despachan su producto al puerto sin agregación local de valor.
Entre el pozo no convencional de Añelo y un taller metalmecánico de San Martín la distancia dejó de ser geográfica.
La industria como contracara
El deterioro industrial tiene la nitidez de una serie encadenada. El índice de producción manufacturera cayó 4,9% interanual en julio, la mayor baja mensual del año, con doce de las dieciséis divisiones en terreno negativo y un acumulado enero-julio de −2,6%.
Las caídas se concentran exactamente donde se fabrican bienes de capital: otros equipos, aparatos e instrumentos −31,4%; maquinaria y equipo −26,7%; prendas, cuero y calzado −15,9%; minerales no metálicos −12,6%.
La única división claramente expansiva es refinación de petróleo, coque y combustible nuclear, con 8,1%.
El dato de producción encaja con el de demanda. La formación bruta de capital fijo se derrumbó 11,1% interanual, arrastrada por maquinaria y equipo (−15,2%) y equipo de transporte (−22,1%), con caídas simétricas en el componente nacional (−15,5% y −20,4%) y en el importado (−15,0% y −24,9%). Lo que la contabilidad nacional registra como inversión que no se hace, el índice industrial lo registra como máquinas que no se fabrican. En una economía que bombea petróleo y extrae litio a ritmo récord, nadie está renovando el parque de máquinas.
La industria manufacturera, conviene recordarlo, ocupa 1.128.200 puestos registrados: el 18,2% del empleo privado formal, trece veces el sector extractivo.
Los dólares que no se quedan
Queda el argumento de la lluvia de divisas. La Balanza de Pagos del primer trimestre lo pone a prueba: con un superávit comercial de bienes superior a 6.300 millones de dólares, la cuenta corriente cerró con déficit de 1.651 millones.
La cuenta de Ingreso Primario drenó 4.676 millones en noventa días, dominada por utilidades y dividendos de la inversión extranjera directa (2.743 millones devengados al exterior) y por intereses de deuda.
Los dólares que brotan del suelo tienen destino escriturado antes de salir. No financian crédito productivo ni recomponen reservas netas de manera soberana: pagan pasivos externos y se repatrían como beneficio corporativo, bajo un régimen cambiario que lo habilita sin fricción.
Gobernar para el subsuelo
Argentina no es Noruega ni Arabia Saudita. No dispone de una población pequeña que pueda vivir de una renta distribuida, sino de 46 millones de personas concentradas en aglomeraciones urbanas cuya subsistencia depende del empleo industrial, del comercio y de los servicios.
Sostener que el país no es extractivista porque todavía conserva fábricas equivaldría a negar el rumbo por no haber llegado al final del camino. Desde fines de 2023 la política económica eligió un patrón: premiar fiscal, cambiaria y normativamente la extracción acelerada de recursos no renovables, mientras somete a la industria y al salario a una disciplina contractiva.
El resultado no es una economía diversificada en transición. Es una economía donde la exportación bate récords, el sector que la produce emplea al 1,4% de los trabajadores registrados y perdió 8.300 puestos formales en dos años y medio, y el 45% de los ocupados trabaja en negro.
La conclusión no es que sobran dos tercios de la población. Es algo más preciso, y más difícil de revertir: el modelo no los expulsa del mercado de trabajo, los informaliza dentro de él. Eso no aparece en la tasa de desocupación, no figura en los anuncios de inversión y no se corrige con un trimestre de exportaciones récord.
Plan B/ Trabajo del PosDr. Darío Díaz / 20-9-2026
