El diputado provincial (MC), Javier Mela, promueve el debate y apoya la construcción de la represa de Corpus en Pindoí. “El debate no debería limitarse a una represa: debe abordar qué desarrollo, infraestructura y oportunidades permanecerán en Misiones”, afirma Mela, en esta columna de opinión para Plan B.
Por Javier Mela
Durante demasiado tiempo, Corpus fue presentado y debatido casi exclusivamente como una represa hidroeléctrica.
Esa mirada resulta insuficiente. La pregunta decisiva no es solo cuánta energía podría generar, sino qué transformación económica, social y territorial podría impulsar en torno a Corpus-Pindóí y, en definitiva, qué legado dejaría a Misiones.
La propuesta debe ser más amplia: concebir Corpus-Pindóí como un Programa Integral de Desarrollo Socioeconómico Regional, articulado en torno a un proyecto energético multipropósito.
La central hidroeléctrica sería la obra estructurante, pero no el proyecto completo. Su verdadero valor debería medirse también por los caminos, las redes de agua y saneamiento, la infraestructura eléctrica, los centros de salud y educación, la capacitación, las empresas y los puestos de trabajo que permanezcan en el territorio.
Hablar de un programa no significa cambiarle el nombre a una represa. Significa transformar la concepción, el modelo de abordaje y la jerarquía de las obras complementarias, con una secuencia definida.
Implica planificar intervenciones que comiencen antes de la construcción de la central, acompañen su ejecución y continúen al servicio de la población mucho después de su finalización.
Para aspirar a financiamiento de largo plazo, también será necesario estructurar un modelo de gestión riguroso, transparente y sujeto a resultados verificables. El proyecto debería presentarse como un programa integral, no como una obra aislada.
Un primer anillo: transformar la región inmediata
En un primer anillo de influencia, cuya delimitación deberá precisarse, deberían integrarse las localidades y áreas rurales directamente vinculadas con Corpus-Pindóí: Corpus, Gobernador Roca, San Ignacio, Jardín América, Puerto Leoni, Ruiz de Montoya, Santo Pipó, General Urquiza y otras comunidades del entorno.
Allí, el programa debe traducirse en objetivos concretos y obras necesarias: agua potable, cloacas y saneamiento; energía e interconexión eléctrica; caminos y accesos; salud, vivienda, conectividad, transporte e infraestructura educativa; formación técnica, desarrollo productivo y empleo.
La pregunta es sencilla: si se realiza una obra de semejante magnitud, ¿qué quedará en esas comunidades?
La respuesta no puede ser únicamente una represa. Deben quedar mejores pueblos, servicios de mayor calidad y nuevas oportunidades.
Además, esos beneficios deberían comenzar antes. Si la obra principal requiere caminos, redes eléctricas, agua, saneamiento y servicios, esa demanda debe aprovecharse desde el inicio para mejorar la vida de quienes habitan la región.
Un segundo anillo: un proyecto para toda Misiones
El impacto no debería agotarse en el área inmediata. Un segundo anillo podría alcanzar, directa o indirectamente, a toda la provincia.
Una obra de esta escala puede convertirse en plataforma para infraestructura estratégica al servicio de todos los misioneros.
La Ruta Nacional 12 ofrece un ejemplo claro. La continuidad de la autovía desde San Ignacio hacia Puerto Iguazú debería incorporarse a esta visión.
Un corredor vial moderno podría fortalecer el eje productivo y urbano del Paraná, reducir tiempos y costes logísticos, mejorar las condiciones para el comercio, la producción y el turismo y, sobre todo, elevar la seguridad vial.
A ello debería sumarse la ampliación de la infraestructura eléctrica para quienes aún no cuentan con un suministro suficiente y sostenido.
Cada kilómetro de autovía no debe medirse solo en minutos ahorrados o toneladas transportadas, sino también en siniestros evitados y vidas preservadas. Corpus puede localizarse en un punto del territorio, pero sus beneficios no tienen por qué terminar allí.
Energía para producir, trabajo para los misioneros
Corpus-Pindóí incorporaría una fuente relevante de generación hidroeléctrica y podría contribuir a reducir la dependencia de la generación térmica. Sin embargo, la discusión no debe terminar en los megavatios. La cuestión central es qué se hará con esa energía: debe servir para producir más, agregar valor en Misiones y fortalecer los parques industriales, el comercio, los servicios y los nuevos emprendimientos.
Una obra de esta dimensión requeriría trabajadores, técnicos y profesionales, tanto de manera directa como indirecta. Misiones debe prepararse con anticipación para que una parte sustancial de esas oportunidades sea ocupada por misioneros.
Universidades, escuelas técnicas, institutos, municipios, sindicatos y empresas deberían identificar los perfiles necesarios: electricistas, soldadores, técnicos electromecánicos, operadores, especialistas en construcción, ingenieros, profesionales ambientales y trabajadores de logística, transporte, gastronomía y servicios.
La formación de nuestros jóvenes debe ser también una de las obras de Corpus. Asimismo, la demanda de bienes y servicios que genere la construcción debe alcanzar a productores, cooperativas, comerciantes, profesionales, emprendedores y pequeñas y medianas empresas locales. El desarrollo no puede quedar concentrado únicamente en los grandes contratistas.
Ambiente: discutir los impactos con rigor y responsabilidad
Una obra de esta magnitud tendría impactos ambientales y sociales. Negarlo sería irresponsable. La discusión seria consiste en identificarlos, evaluarlos científicamente y establecer desde el comienzo cómo evitarlos, minimizarlos, mitigarlos o compensarlos.
La protección de los ecosistemas, las compensaciones ambientales, el tratamiento de las áreas afectadas, las relocalizaciones cuando correspondan, el saneamiento y el monitoreo permanente deben formar parte del programa y de su presupuesto.
Mitigar el impacto ambiental no es un obstáculo para el desarrollo: es una condición del desarrollo moderno. La dimensión socioambiental debe gestionarse con criterios técnicos, transparencia y participación pública.
Un programa capaz de obtener financiamiento
También debemos ser realistas: una obra de esta escala requerirá mecanismos de financiamiento de largo plazo. Por eso, el enfoque socioeconómico no es solo una definición política; puede fortalecer la viabilidad integral del proyecto.
Misiones no debería presentarse ante potenciales financiadores únicamente con el plano de una represa, sino con un programa concreto de energía, rutas, agua, saneamiento, conectividad, capacitación, producción, empleo y mitigación ambiental, organizado por etapas, costes y resultados medibles.
Cuanto más sólido sea el programa de desarrollo que acompañe a Corpus-Pindóí, mayor será la consistencia del proyecto que Misiones pueda presentar para su financiamiento.
Una tarea urgente: ordenar el frente financiero
Antes de pensar en financiamiento de largo plazo, Misiones debe ordenar y transparentar sus obligaciones pendientes.
La reiterada prórroga presupuestaria de compromisos vinculados a los bonos CEMIS, JUNIORS y SENIORS, junto con obligaciones derivadas de pagos a cuenta de Rentas aún no regularizadas, proyecta una señal que debe corregirse.
Es necesario cuantificar esas obligaciones y establecer un cronograma cierto de regularización. Poner la casa en orden no es un detalle contable: es una condición para recuperar capacidad de crédito, reducir el riesgo financiero y presentar a la provincia como un actor confiable para financiar infraestructura estratégica.
Esa tarea debe interpelar a todos los espacios políticos con representación en la Cámara de Representantes.
Corpus, una oportunidad histórica
Corpus-Pindóí debe abrir un debate de ideas y propuestas con un eje claro: el desarrollo socioeconómico de la región y de Misiones. No se trata solo de decidir si se construye o no una represa, sino de definir qué programa de desarrollo se quiere construir a su alrededor y cuánto de ese progreso puede extenderse al resto de la provincia.
El desafío es imaginar comunidades con mejores servicios, agua, cloacas, energía, caminos y oportunidades; una Ruta 12 más segura hasta Puerto Iguazú; menores costes logísticos; más turismo, inversión y empleo; jóvenes capacitados y empresas misioneras integradas en el proceso.
Porque, si algún día Corpus avanza, la obra más importante no debería ser solamente la que quede sobre el río. La verdadera obra debe quedar en la gente.
En una proxima entrega voy a enfocar la importancia de la estructuracion de un modelo de gestion que sea efectivo para la gobernanza de un proyecto de estas caracteristicas.-
Javier Mela
Abogado
