A. Garzón Maceda.

Opinión: ¿Hay que renovar en serio para que nazca algo nuevo o cambiar un poco para seguir igual?

Por Agustín Garzón Maceda

Mientras el oficialismo local ensaya piruetas retóricas para justificar sus contradicciones, la franquicia libertaria provincial parece decidida a cometer, paso a paso, los mismos errores de lectura que desgastan a su matriz nacional. Al final del día, y parafraseando al viejo mantra de la Renovación, sólo los hechos dan fe a las palabras

El primer contraste es de orden ético e institucional. La provincia se autofelicita por la vanguardia que supone la implementación de la “Ficha Limpia Misionera”, una propuesta que promete ser superadora a la Nacional. Sin embargo, ese purismo doméstico se desmorona cuando, en el plano nacional, los representantes que responden al esquema renovador votan en contra del pedido de informes al jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

¿La transparencia es un valor absoluto o un traje a medida que se usa sólo del Chimiray para adentro

Esa misma ambigüedad se traslada a la economía. Mientras Rovira destaca una condonación de una deuda energética millonaria, la reciente inyección de 20.000 millones de pesos lograda ante la Nación no mereció grandes anuncios ni conferencias de prensa; se coló con total discreción en las páginas del Boletín Oficial a través de un decreto. Al abrir la letra chica del documento, los números hablan por sí solos: de esa monumental cifra, apenas cerca de 1.800 millones se derraman de manera directa hacia la coparticipación de los municipios. El resto, administrado de forma centralizada por el Ministerio de Hacienda, abre un interrogante lógico sobre el destino real de esos fondos. 

En la vereda de enfrente, la tercerización del pensamiento político expone los costos de operar como una sucursal antes que como un proyecto con peso propio.

La decisión de Adrián Núñez de dar la espalda al reclamo de las universidades públicas no es un error de cálculo; es la aplicación estricta del verdadero dogma libertario, cuyo fin último no es optimizar la gestión, sino estrangular financieramente a la educación pública.

La franquicia local opera aquí con la frialdad de quien ejecuta un libreto diseñado para el asfalto porteño, omitiendo deliberadamente la importancia que la educación superior tiene en Misiones. Al actuar de esta manera, la conducción local abraza un dogmatismo cuyas costuras ya cedieron a nivel nacional, desatendiendo la realidad de una provincia con profundas asimetrías estructurales.

En el contexto misionero, el presupuesto universitario no representa el “gasto corporativo” o de casta que el relato central combate en los medios; es la inversión directa hacia el desarrollo técnico de la matriz productiva y el arraigo de los jóvenes en sus localidades de origen.

Evidenciar el riesgo de gestionar una franquicia es esto: la obligación de defender dogmas ajenos aún cuando chocan de frente contra el entramado social local, donde la universidad pública no es un debate abstracto sobre el déficit, sino una de las pocas herramientas efectivas de igualación y desarrollo de los ciudadanos.

El broche de oro lo puso Carlos Rovira el pasado 21 de mayo. En su ya clásico espacio de “La Previa”, el conductor apeló a una conocida analogía biológica: la del águila que, a la mitad de su vida, debe destruir su propio pico y esperar a que crezca uno nuevo para poder sobrevivir. El mensaje pareció claro al anunciar que no será candidato en 2027.

Sin embargo, la contradicción emerge de inmediato cuando, cerrando su monólogo, dedicó un largo tramo a enumerar sus hitos personales: la Costanera, el Parque del Conocimiento, Silicon Misiones y las más de 120 leyes de su autoría. 

Ahí queda expuesto el verdadero nudo gordiano de la política provincial. Si el águila debe romper su pico para no morir, es porque el instrumento del pasado ya no sirve para el futuro. Pero si el discurso termina aferrado al inventario de los logros de las últimas dos décadas, la señal es la opuesta.

¿Hay que renovar estructuralmente para que crezca algo nuevo, o hay que seguir con lo mismo porque nadie más está a la altura del conductor?

Misiones asiste al espectáculo de un oficialismo que se muerde la cola entre la necesidad teórica de la metamorfosis y el miedo real a perder el control, frente a una oposición libertaria que prefiere ser una sucursal fiel antes que un proyecto con ojos propios. En ese juego de espejos, el futuro sigue esperando a su Alejandro Magno que corte el nudo.

Plan B/ 28-5-2026 /Agustín Garzón Maceda, Ingeniero Mecánico

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