Por Martín Boerr*
¿Por qué la Argentina no juega bonito como en varios pasajes del Mundial 2022, incluyendo la primera media hora de la finalísima con Francia, donde directamente bailó a los de Mbappé?
¿Por qué, si Enzo, Mac Allister, Julián, la rompen en sus clubes?
La principal explicación del juego de la Argentina es mental, cambiaron el chip.
Cuando Scaloni dice que la Argentina es así y tenés que acostumbrarte a sufrir, no se equivoca porque todo en el fútbol es mental, y en nuestro país mucho más.
Veamos: Hace tres días se cumplieron 5 años del título de la Copa América en el Maracaná, nadie en el mundo del fútbol duda de que ese día cambió el chip de la Selección, se sacó una mochila de encima y empezó a soltarse. Sin Copa América, no había Mundial de Qatar, nadie lo duda.
En Qatar, fue la consagración máxima, con un Messi decisivo que se sacó toda esa mufa de no conseguir lo más grande para su carrera sin igual. Fin.
En este Mundial, la Selección no tiene que demostrarle nada a nadie y no quiere deslumbrar a nadie.
Y al mismo tiempo, vinieron mentalizados a ganar, con un objetivo entre ceja y ceja que no vamos a ser tan boludos de mencionarlo en estas líneas con nombre y apellido.
Están tan enchufados con su objetivo, que no les interesa nada más. Ni siquiera se arengan, porque no es necesario, están todos conectados mentalmente con el mismo objetivo. Mucho más aún, parecen pensar como si fueran una misma persona, un único cerebro.
Ayer se vio una imagen de Dibu en el túnel antes de salir a la cancha, diciendo: “Vamos, les pido una sola cosa, que jueguen con el corazón”. Lució desubicado, nadie le llevó el menor apunte. Están así de metidos, que no es necesario que nadie diga nada.
El que se salga del libreto, queda en off side, porque esta Selección piensa como una sola cabeza.
Eso la hace jugar un futbol extremadamente amarrete y utilitario, si pudiera ganar medio a cero, jugar feo, y ganar. Bienvenido, porque no necesitan más.
Ayer se vio con Julián, delantero que vale más de 100 palos verdes. “Dale, Julián, frotá la lámpara y demostrá por qué vales eso”. Y lo hizo, pero porque el partido y el equipo lo necesitaba, antes no.
¿O cuántas veces pateó al arco desde posiciones similares Julián en este Mundial? Ninguna. Y eso que se cansó de hacer goles desde ahí en River y el Atlético Madrid.
Hay algo que está muy metido en esta Selección, juegan como uno, piensan como uno, y vinieron a una sola cosa.
El equipo y el grupo se nota, está, la unión y la comunión con una sola idea fija.
Eso los hace jugar para atrás, ese toqueteo cansino, que nunca antes se había visto. Y que llegó a límites insoportables en los partidos de la primera fase.
Porque la gloria ya la consiguieron, la mochila ya se la sacaron, Messi ya es el más grande, pero todavía quieren más y asombra al mundo por eso.
¿Quién esperaba este Messi antes de arrancar el Mundial? Absolutamente nadie. No teníamos claro si Messi iba a entrar unos minutos en el segundo tiempo o bien iba a deambular por la cancha, tocando algunas con calidad, pateando algún tiro libre pero nada más.
Pero no, se fue a jugar de 9, bien cerquita del último hombre rival, y del arco. O bien se tira un poco a la derecha, pero bien arriba, se olvidó de recibirla en mitad de cancha y arrancar esos slaloms, que ya no puede hacer porque la velocidad no la tiene, con 39.
Pero se fue a jugar a ganar, a meter goles: un asesino. Como en el segundo gol contra Austria, que fue a buscar el rebote y le ganó a defensores más jóvenes cerca del minuto 90. O como ayer, en el gol de Lautaro, que corrió a la par, buscando ser opción.
Pero claro, el lado “B” de esa actitud es que en fútbol, los ataques que no hacés, los goles que no convertís, el domino que no querés tener, se te termina volviendo en contra, casi siempre. Y así, la Selección, por ser tan amarreta y centrada en ganar, termina sufriendo.
El otro punto débil, de la Selección, no es futbolístico por más que juegue flojito este equipo (ya dijimos que no juega lindo porque no quiere, no porque no puede), sin dudas es físico. Y ayer Scaloni casi se va de boca cuando admitio en la conferencia de prensa postpartido que casi no trae a varios porque estaban tocados.
Por todo eso, esta Selección termina sufriendo.
Se vio contra Cabo Verde, Egipto y Suiza, aceleran solo lo necesario, gastan solo lo necesario, y terminan caminando por la cornisa por desplegar ese fútbol amarrete, tacaño, con economía de jugadas, destinado a un único objetivo: aplastar al rival.
Ahora viene Inglaterra, y cualquiera puede ganar. Pero es muy dificil que veamos el mismo equipo que contra Suiza, porque a rival distinto, este único “asesino” va a cambiar el arma, usando solamente aquella que sea más eficaz contra el rival de turno.
Ultra utilitario y pragmático. Pero tan efectivo como lo dicen sus números: jugó 6, ganó los seis. Metió muchos goles, más que nadie en la segunda fase. ¿Y por qué los hizo? Los hizo porque necesitaba, si no hubiera necesitado convertir, ni se despeinaban.
Y los hizo, porque puede.
¿Cuántos pensamos que estábamos afuera ante Egipto 2 a 0 abajo? Casi todos.
Pero, ¿Cuántos de nosotros sentimos, cuando se puso 2 a 2, que lo iba a ganar ahí nomás, con los últimos suspiros que le quedaban al partido para no ir a alargue?
¿Cuántos sintieron ayer que la Selección lo iba a sacar a Suiza antes de ir a los penales?
*Martin Boerr, director de Plan B y ex jefe de Deportes del diario El Territorio y editor de Deportes en MisionesOnline.
Plan B/ 12-7-2026
