Jerónimo Lagier, productor yerbatero, ex director del INYM y autor de varios libros sobre la historia productiva de nuestra provincia, está de viaje en Suiza y analizando su exitoso modelo de bienestar, reflexiona sobre lo que se puede adoptar de ese país (donde han ido muchos misioneros a trabajar en los últimos años) en Misiones.
Ginebra, 1° de Agosto de 2026.
Me encuentro en Suiza por un corto tiempo por cuestiones familiares, aquí están las raíces de mi familia y es donde viven hermanos, primos y muchos parientes lejanos con quienes mantenemos el contacto.
País que admiro profundamente por muchas cuestiones, pero sobre todo por su sistema político que les ha permitido con su buen sentido y previsibilidad alcanzar un estado de bienestar envidiable.
Lo que viven hoy dentro de una Europa que se cae a pedazos fue pensado y proyectado hace muchos años por gente muy capaz y meritoria, quienes ocupan una banca hoy están pensando lejos y preparando su país para el futuro, son personas formadas, capaces y muy meritorias.
Ninguno de ellos puede vivir de la política, hacer política e integrar el parlamento está considerado un servicio a la Patria, un esfuerzo y un compromiso, acompañado de seguir desarrollando su profesión como actividad principal y de contacto con sus electores.
No duraría dentro del sistema si eso cambiara, como tampoco duraría si destaca demasiado, sin mesianismos ni personalismos, el propio sistema excluye a quien por su estilo se arriesgue a anteponer sus intereses a los de la patria.
Este sistema es fiel reflejo de la madurez democrática del pueblo suizo que viene desde 1291 y es capaz de votar en plebiscitos cosas sorprendentes, votaron negativamente para tener dos semanas más por año de vacaciones, dado que la productividad del país descendería, votaron por una reducción en el monto futuro de las jubilaciones (es decir, para la de quien estaba votando, no para los actuales jubilados) porque el presupuesto no alcanza, votaron seguir con el servicio militar y varias cosas así.
El sistema tiene a la Patria por encima de la Persona, el bien común por encima de los intereses particulares y eso es elegido a diario porque así debe ser.
Hace unos años fui invitado al Parlamento suizo y pude ver la sesión, charlar con otros diputados además de quien me había invitado sobre las diferencias con nuestro sistema y una frase me quedó grabada, “no tenemos un sistema de alternancia sino de concordancia, si no nos ponemos todos de acuerdo no se avanza”.

La política no está teñida de poder sino de servicio, de respeto y de trabajo duro entre personas que pensando diferente buscan lo mejor para su país, diálogo y acuerdos entre gente con una formación sólida, con transparencia y honestidad.
A pesar de estar lejos, siempre sigo la prensa local y nacional, hace pocos días un Diputado Provincial comentaba a una radio que para asumir su banca debió firmar una renuncia en blanco, como todos los de su espacio político.
Más allá de lo que implica en lo moral y en la sanidad de un sistema político, creo que el primer requisito para hacer eso es un reconocimiento tácito y palpable que no existe ningún mérito propio en acceder a esa banca.
Ninguno. Muy lejos del “primus inter pares”, el primero entre iguales. Simplemente un dedo caprichoso lo puso donde está y se guarda el mecanismo para sacarlo si cae en desgracia o se le ocurre atreverse a tener pensamiento propio o iniciativa.
Evidentemente no representa al pueblo sino a una estructura opaca que pareciera más interesada en el lucro y el beneficio personal que en el desarrollo de la provincia.

Nada más lejos del honor y del servicio público. Los ejemplos abundan, llegar a esa banca tampoco implica preparación, conocimiento o interés por lo que se vota.
A tal nivel que cuando la Cámara pasó a voto electrónico tuvieron que agregar un + o un – en la pantalla para que sepan cómo votar, porque ya no podían ver si el líder levantaba o no la mano…
Así estamos, porque uno solo piensa, uno solo decide y el resto como borregos lo sigue, ciegos, pero sobre todo mudos, marionetas del régimen de espaldas al pueblo.
Ahora parece que hay zafarrancho interno, de los mismos que nos han traído hasta acá. Felizmente hay voces nuevas que se están elevando desde el agro y la foresto industria, con propuestas serias, con marcos claros para el desarrollo, pidiendo previsibilidad y sentido común en vez de arbitrariedades y exacciones que solo buscar mantener un Estado desmesurado e inútil en una provincia con un enorme potencial productivo, siempre potencial, siempre subutilizado.
La diversidad cultural suiza no les juega en contra, sus políticos no hablarán la misma lengua pero hablan el mismo idioma, el del bien para la Patria, sin barreras ni personalismos.
Creo que es una de las diferencias mayores, los misioneros hablamos la misma lengua entre nosotros pero parece que no podemos con el mismo idioma, algunos buscamos el desarrollo y otros solamente seguir parasitando.
“Se terminó la etapa de la imposición, ahora vamos a dialogar”, dijo también el Diputado en la misma entrevista, más vale tarde que nunca dice el refrán, pasaron demasiados años de sometimiento premiando incapaces pero dóciles.
Espero que el diálogo al que se refiere sea con los motores de esta provincia, el agro y la industria con todos sus matices y no a negociaciones oscuras dentro de un bando político, o de una banda de políticos.
Plan B/ 2-8-2026
