Por Martín Lozina
Hijo de un carpintero y de una empleada doméstica de Villa Domínico, Gastón Molina anduvo por todos lados como jugador profesional de fútbol: en más de 10 años anduvo por Racing, Defensa y Justicia, Palestino de Chile, Colegiales y Dock Sud.
Hasta que recaló en Posadas, cuando fichó para el Guaraní A. Franco que jugaba en el Federal A, en 2016, que acababa de bajar de la B Nacional y todavía soñaba con volver a la elite y estirar esa etapa de jugar en los primeros planos a nivel nacional.
No pudo ser, ni para Guaraní que terminó cayéndose por completo ni para Molina, que a pesar de su calidad, por esas cosas del fútbol jugó poco y nada en la Franja.
Sin embargo, algo en su interior lo llevó a permanecer en Misiones donde hoy está construyendo una carrera en donde combina fútbol, su pasión, con negocios y también la vocación por ayudar a los chicos a través del deporte.

Como emprendedor, Molina invirtió en locales de ropa y muebles, carpinteria, gimnasio y otros emprendimientos vinculados al deporte, sumada a una intensa tarea dirigencial al frente del Club San Francisco de Asís, la Liga de Futsal AFA de Posadas, la liga LAAMBA y la filial Misiones de la Unión Nacional de Clubes de Barrio.
En un extenso mano a mano, repasa los hitos de su vida, la importancia de la contención en el deporte formativo y la visión política sobre la contención social en los barrios.
De las inferiores al retiro temprano
—Suele decir que el fútbol le dio la oportunidad de crecer, pero ¿cómo recuerda esa infancia en Villa Domínico?
—Nací en un barrio humilde, en una familia trabajadora. Soy hijo de un carpintero y de una mujer que limpiaba casas para salir adelante. Los fines de semana armábamos una pequeña parrilla en la esquina de la cancha de Racing. De chico aprendí lo que significa el trabajo, la responsabilidad y ganarse las cosas con sacrificio. Mi historia arrancó en el baby de mi barrio, pasé a las inferiores de Racing y tuve un tramo en Arsenal de Sarandí. El fútbol me dio la posibilidad de crecer y convertirme en jugador profesional.
—Su carrera se extendió por casi una década hasta llegar a Misiones. ¿Por qué decidió retirarse con tan solo 27 años?
—Pasé por varios clubes: Racing, Defensa y Justicia, Palestino de Chile, Colegiales, Dock Sud y Guaraní Antonio Franco, entre otros. Mi llegada a Guaraní Antonio Franco fue muy importante: jugué durante un año y viví en el Hotel Continental. Ahí sentí que era el momento de cerrar esa etapa. No fue fácil retirarme tan joven, pero elegí el camino privado y empresarial. Empecé emprendiendo en locales de ropa, muebles y gimnasios, siempre cerca del deporte. Hoy tengo diversos negocios como aserradero y mueblería, pero nunca me alejé de los clubes. El valor social de los clubes de barrio.

—Trabajó como mánager y tu compromiso central con el Club San Francisco de Asís. ¿Qué impacto tuvo esa experiencia?
—En el Club San Francisco desarrollamos un proyecto que llegó a involucrar a más de 500 familias. Eso me permitió conocer profundamente la realidad de las instituciones barriales, sus carencias y el enorme valor social que poseen. Estoy convencido de que los clubes de barrio son segundas casas. Son espacios donde los chicos aprenden valores, hacen amigos, encuentran referentes y, muchas veces, hallan una oportunidad que les cambia la vida. Tenemos que recuperar la capacidad de sobreponerse a la frustración, el respeto, la lealtad, los códigos y la solidaridad. El deporte me enseñó que nadie gana solo.
—¿Cómo trasladar esa filosofía colectiva a la gestión empresarial y dirigencial?
—Siempre digo que me gusta rodearme de personas iguales o mejores que yo, y especialmente de gente más inteligente que yo. Si querés salir campeón, necesitás tener a los mejores jugadores en tu equipo y dejar todo por el compañero. Las grandes cosas se consiguen cuando el objetivo colectivo está por encima del individual. Ser jugador me abrió puertas, pero la clave para mantenerlas abiertas fue cumplir con la palabra, trabajar y respetar a los demás.
La transformación del futsal en Misiones: Voces de la gestión
—¿Cómo cumple el Club San Francisco de Asís su papel en el fomento de la inclusión y el desarrollo comunitario?
—Cumple un rol importantísimo. Muchos se quedan únicamente con la competencia o con el desempeño del chico que intenta cumplir el sueño de llegar a Primera. Pero un club de verdad, recibiendo realidades económicas y educativas diversas, le abre la cabeza a los niños. Enseña sentido de pertenencia, tolerancia a la frustración, trabajo en equipo y camaradería. Un club contiene a los niños, les enseña a comer, a hablar y a vivir en comunidad. También integra a los padres y nivela a la sociedad para que todos tengan oportunidades de futuro.
—¿De qué manera garantizan que esos valores se mantengan vivos?
—Generando un buen equipo de trabajo y capacitando constantemente a los profes con reuniones periódicas. Buscamos docentes con vocación. El profesor que no tiene vocación o cree que los niños son adultos en miniatura para conseguir resultados, es descartado. Hay un filtro constante en ese sentido.
—¿Cómo se fomenta el liderazgo dentro de las categorías juveniles?
—Hay líderes tácticos o técnicos, y otros con liderazgos más humanitarios. Se inculca que, cuando un compañero falla un pase o tiene una mala recepción, hay que alentarlo para que lo vuelva a intentar. El chico que mejor procesa la frustración se convierte en el líder positivo del grupo. —Respecto al rol de las autoridades gubernamentales, ¿qué tipo de apoyo deberían brindar a los clubes de barrio?
—No estoy de acuerdo con que los municipios bajen dinero de forma directa y periódica, porque genera dependencia y, si el dirigente no está capacitado, la plata se invierte mal o se pierde. El Estado municipal debe ayudar con infraestructura que quede para las próximas generaciones, materiales de trabajo, subsidios en servicios (luz, agua, gas) y, sobre todo, capacitaciones nutricionales y dirigenciales.
—¿Cuál es la clave para la expansión del futsal en Posadas y en la provincia?
—Para profesionalizar el deporte se requiere un ente regulador formal, como el marco que otorga AFA con personería jurídica y competencia de jerarquía, pero con dirigentes serios. Para bajar la disciplina a los barrios hay que crear escuelitas de formación en cada club con apoyo de insumos, o reacondicionar los playones deportivos con participación de la comunidad. Es un círculo virtuoso que genera empleo para los profesores, pertenencia en los jóvenes, crecimiento sostenido para el deporte y para cada barrio.
—Durante su gestión al frente del departamento de Futsal AFA de la Liga Posadeña de Fútbol impulsó torneos masivos. ¿Qué balance hace de ese ciclo?
—Fue una etapa de mucho crecimiento. Se lograron eventos de enorme jerarquía, como traer la Copa del Mundo que reunió a unas 40.000 personas en el Parque del Conocimiento, y llevar la Copa a Alem. Organizamos la Copa de Oro con la participación de Boca, Independiente, Kimberley y Barracas, además de torneos regionales de AFA por primera vez en la provincia, tanto en masculino como en femenino. También se creó el espacio para la Liga Infantil de Futsal AFA. La meta fue poner al deporte misionero en un lugar de protagonismo. Hoy continúo al frente de LAMBA y, desde diciembre, presidiendo la filial Misiones de la Unión Nacional de Clubes de Barrio.
— Contame un poquito más sobre LAAMBA y la filial Misiones de la Unión Nacional de Clubes de Barrio.
—Hoy estoy al frente de LAMBA, una liga de futsal, en donde convergen más de 40 clubes, la mayoría abandonaron la liga de futsal AFA, luego de malas decisiones de los dirigentes. Desde diciembre también tengo la responsabilidad de presidir la filial Misiones de la Unión Nacional de Clubes de Barrio. Todo este recorrido me llevó nuevamente a mis raíces. Estoy convencido de que los clubes de barrio son mucho más que lugares donde se practica un deporte. Son segundas casas. Son espacios donde los chicos aprenden valores, hacen amigos, encuentran referentes y muchas veces encuentran una oportunidad que puede cambiarles la vida. Creo que tenemos que recuperar los valores del club y del barrio: el trabajo, la capacidad de sobreponerse a la frustración, el respeto, la lealtad, el compromiso, los códigos, la solidaridad y, fundamentalmente, el trabajo en equipo por un objetivo colectivo.
— Sos emprendedor y tenes distintos proyectos. ¿Que me podes contar de tu actividad privada? — Tengo varios emprendimientos que maneja mi mujer, pero con el que más disfruto es con mi carpinteria “Pinto Taller”, un oficio que aprendí de mi viejo, donde fabricamos muebles con madera de alta calidad que se venden en Posadas, Buenos Aires y Pinamar.
— Sos comerciante y emprendedor ¿Cómo ves la situación actual?
— El contexto económico actual obligó a replantearse todo. Con insumos caros, alquileres elevados y clientes más cautelosos, mantener los locales se volvió complicado. A veces el costo del día es más caro que la ganancia. Yo estoy a la par con los muchachos trabajando con la madera, se lo que significa el trabajo y todos los que dependen de que nos vaya bien. Creo que se están olvidando de la gente laburante y del emprendedor. El salto a la política
—En tu recorrido plantea que es momento de dar un nuevo paso hacia la política. ¿Por qué encarar esa faceta?
—No lo veo como un cambio de rumbo, sino como la consecuencia natural de todo lo que viví. Creo firmemente que el deporte debe ser una política de Estado. No solo por la competencia o por formar deportistas, sino porque forma personas, contiene a los chicos e integra a las familias. Mi objetivo es aportar desde la experiencia y la convicción de que se puede transformar la realidad construyendo en equipo. En definitiva, mi vida siempre estuvo atravesada por lo mismo: barrio, trabajo, deporte, esfuerzo y equipo.
Plan B/ 31-8-2026
