Opinión.

Opinión: Cuando se castiga a los valientes y se premia a los cobardes

Por Martín Boerr

Luego de 132 días, se levantó el acampe frente a Casa de Gobierno que realizaron ex oficiales de la policía que fueron encarcelados en Cerro Azul junto a Ramón Amarilla, y luego exonerados, como el suboficial hoy diputado provincial.

Diego Correa es el más conocido de ellos, quien se encadenó frente a la Rosadita en reclamo de su reincorporación a la fuerza policial desde el 6 de abril pasado. Junto a él, también estuvo Adolfo Guirula.

Luego se sumaron Gerardo Marín, Juan Méndez, Sergio Muchevicz y el sargento primero Nestor Rubén Zarza.

Todos estos son los oficiales de la Policía que representaron a sus camaradas en la histórica protesta policial de mayo del 2023, cuando la provincia estuvo cerca de la intervención y desde Buenos Aires mandaron a las fuerzas federales en un intento fallido por levantar el masivo acampe que tuvo su epicentro en el Comando Radioeléctrico.

¿Qué pedían? Que los reincorporaran en la fuerza de seguridad, porque el trabajo en la Policía es su vida, y a diferencia de Ramón Amarilla, ellos no abrazaron la carrera política ni gozan de un cargo de diputado.

Quien esto escribe, fue cuatro veces a visitar a Ramón Amarilla a la carcel de Cerro Azul, siendo el primer periodista que fue, haciéndose pasar por amigo, para luego relatar en una nota a La Nación los verdaderos motivos por los cuales el suboficial hoy diputado estaba preso: desafiar al poder de Rovira y la Renovación y no, ser un elemento “sedicioso” como se lo quizo acusar.

La última vez que este periodista visitó a Amarilla, fue el sábado 7 de junio, un día antes de las elecciones en las que Amarilla iba a ser la gran revelación, forzando a la Justicia a liberarlo, y luego, días depués, al resto de sus camaradas.

En esa ocasión, quien esto escribe pudo tener una larga charla con Diego Correa, un oficial que dio toda la impresión de ser un policía comprometido, con vocación de servicio, que participó de operativos importantes y sabía demasiadas cosas muy comprometidas de los manejos turbios del poder político y judicial.

Correa relató en aquella charla en el patio de la Cárcel de Cerro Azul, como Héctor “Kiko” Llera, el entones jefe de Gabinete, les ofreció sobornos a él y otros delegados (en ausencia de Amarilla) para que convencieran a sus camaradas para levantar la protesta. Habló a sumas multimillonarias y automóviles costosos.

Recién ayer, un día antes de levantar el acampe, Amarilla habló por primera vez de aquellos ofrecimientos públicamente en una entrevista por el streaming de MisionesOnline.

Cuando los periodistas Darío Guimaraez y Tiki Lovera, le pidieron más precisiones, Amarilla, compañero de pabellón en Cerro Azul de Diego Correa, se refirió a los ofrecimientos de Llera “a otros camaradas”.

Diego Correa es además, el disparador en la gruesa foja que representa esa causa por sedición, y que parece más el guión de una película de suspenso de Netflix.

Las primeras páginas de esa causa por la cual metieron preso a Amarilla, Correa y sus camaradas, es un diálogo por whastapp entre un oficial Morel, un “buchón” del gobierno.

A Morel, quien según el realto de Correa estaba retirado y lo reincorporaron con el único fin de delatar a sus compañeros, a cambio de algún ascenso o alguna prebenda, le hicieron chatear con Diego Correa, en un intercambio donde lo informa sobre las futuras protestas que planeaban los policías para reclamar por una mejora salarial.

La transcripción de esa conversación (Correa tenía el teléfono pinchado) parece el guión de una película, cuando el fiscal que interrogó a Morel le pregunta a quien se refiere Correa cuando en su chat habla de “el jefe”.

“A Carlos Rovira”, responde Morel.

ramon amrilla
A Ramón Amarilla lo metieron preso injustamente acusado de “sedicioso”, como a Diego Correa y los otros 7. Si bien la protesta policial traspasa una raya (los policias activos no pueden reclamar salarialmente como lo hicieron en mayo del 2023) no solo nunca tuvieron conductas sediciosas, sino que Amarilla, teniendo durante diez días los micrófonos de todos los medios nacionales, jamás perdió la calma ni acusó a la Renovación, ni politizó su reclamo. Cada noticiero que tomó sus palabras, recogió el reclamo justo por una mejora salarial y nada más. A 100 metros de ahí, sí, los docentes estaban exaltados y envalentonados por la fuerza que le daba el acampe policial, e iban todos los jueves a la Legislatura en marchas que terminaron a los piedrazos y con hechos de violencia. Amarilla jamás quizo que los policias se plegaran a esas protestas, conocía el peligro latente y fue un hombre que llevó calma, en momentos de gran nerviosismo. Lejos de ser sedicioso, mira al 2027 como un potencial candidato a gobernador. Al final, la verdad se impuso, pero ahora el resto de los oficiales injustamente encarcelados, reclama al menos volver a la fuerza.

Una causa armada

Toda esa causa armada para amedrentar a otros policias a realizar otra protesta, terminó convirtiendo a Amarilla en un probable candidato a gobernador con serias chances de ganar en 2027.

Pero ese destino está reservado solamente a Amarilla. Sus camaradas y compañeros de celda, que es la jugaron por todos sus compañeros, que no aceptaron los sobornos y que quizás justamente por ser testigos de ese tipo de delitos de funcionarios, fueron perseguidos, se tuvieron que encadenar y estan condenados al olvido.

Mientras los oficiales Morel de esta provincia, los obsecuentes que trabajaron para el poder con el solo objetivo de acomodarse personalmente, los que hoy le rinden pleitesía a Passalacqua y desconocen a Rovira a quien le deben todo, los que le sacaron mucho a la Provinica y dieron poco, son los que terminaron saliendo ganadores.

Se premia al cobarde, y se castiga al valiente.

Plan B/ 27-8-2026

 

 

 

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