Un dato de la economía crece como una mancha negra en el programa económico y alcanza niveles récord históricos para demostrar la crisis de ingresos que viven la mayoría de las familias en Argentina: el atraso en el pago de créditos tomados con bancos, financieras o con cualquier entidad que les haya permitido financiarlos.
Mientras esto sucede, el Gobierno Nacional sigue afirmando que el plan económico va bien y que no va a pensar en ningún tipo de plan para las familias endeudadas, que ya superan las 5 millones, y también sugiere que los créditos se pueden haber tomado irresponsablemente.
“Yo no se si tomaste un crédito porque no llegabas a fin de mes o porque pensaste que Milei se iba después de las elecciones y el dólar se iba a ir a 3.000 pesos”, dijo Luis “Toto” Caputo hace dos semanas, en una entrevista con Niclás Wiñasky (ver video).
Un informe del diario La Nación reveló este domingo que la mora total del crédito a personas, que incluye el crédito del sistema financiero y no financiero, se quintuplicó en los últimos 18 meses y se convirtió en una de las principales señales de alerta de la economía argentina.

El deterioro es todavía mayor fuera de los bancos: entre los proveedores no financieros de crédito —fintech, tarjetas no bancarias, financieras o mutuales como La Chacra en el caso de Misiones, casas de electrodomésticos, entre otros—, los atrasos mayores a tres meses alcanzaron casi un tercio del total.
La Universidad Austral y la consultora EcoGo advirtieron en el informe publicado por La Nación, que la mora total consolidada en personas físicas, que incluye el crédito del sistema financiero y de proveedores no financieros, acumuló en junio 20 meses de crecimiento, citando datos del BCRA.
La cantidad de personas con algún tipo de financiamiento alcanzó en junio los 20,4 millones.
De ese total, 5,3 millones —el 26,1%— registraban atrasos superiores a 90 días.
En términos de montos, la mora total consolidada alcanzó al 17,5% de todo el crédito otorgado a personas físicas, al considerar conjuntamente el financiamiento bancario y el no bancairio, según datos del estudio.
El deterioro desde fines de 2024 fue acelerado.
En diciembre de 2024, la mora total (que incluye el crédito del sistema financiero y de proveedores no financieros) por monto representaba el 3,6% del crédito relevado;
En diciembre de 2025 había escalado al 12,6%;
y en junio de 2026 llegó al 17,5%.
En apenas 18 meses, el indicador se multiplicó por 4,9%. Frente a mayo, aumentó otros 0,3 puntos porcentuales, acumulando 20 meses de deterioro y, en la comparación interanual, el salto fue de 10,5 puntos.
¿Por qué se endeudan las familias?
De los cuatro millones de nuevos morosos identificados entre 2024 y 2026 por el Centro de Estudios Económicos del Banco Provincia, tres millones ya tenían préstamos dos años atrás y cumplían normalmente con sus pagos. Es decir, el 75% no ingresó recientemente al mercado: eran deudores que estaban al día y comenzaron a atrasarse.
Dentro de ese universo, un millón de personas cayó en una situación irregular pese a que su stock de deuda no aumentó en términos reales.
Otras 850.000 incrementaron sus obligaciones, pero por debajo del promedio de las personas humanas, que en esos dos años fue de aproximadamente 100% real. Sumados, ambos grupos representan algo más del 60% de quienes tenían préstamos al día y luego comenzaron a incumplir: casi dos de cada tres.
En el primer grupo, la deuda promedio incluso disminuyó en valores constantes, de $1,3 millones a mediados de 2024 a cerca de $1 millón en mayo pasado. Entre las otras 850.000 personas aumentó de $1,2 millones a $1,7 millones, pero lo hizo de manera paulatina y desde antes de que aparecieran los atrasos.
Para los autores, ambos comportamientos apuntan más a una pérdida de capacidad de pago -por menores ingresos o mayores gastos fijos- que a un incremento extraordinario del endeudamiento.
Casi dos de cada tres nuevos morosos dejaron de pagar sin que sus obligaciones hubieran aumentado de manera extraordinaria, un dato que apunta a la pérdida de capacidad de pago como uno de los principales factores detrás del fenómeno.
El golpe en los hogares es directo: el pago de las deudas con entidades financieras ya equivale al 24% de la masa salarial.
Al sumar los gastos fijos, una familia promedio tiene comprometido casi el 50% de sus ingresos propios.
Mientras, uno de los motores de la economía continúa con bajos niveles de dinamismo y el Gobierno reiteró que a su parecer “es un problema entre privados”, derivado del salto en las tasas de interés potenciado por las elecciones de 2025.

Los primeros datos surgen del “Monitor mensual de crédito a las familias”, elaborado por la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral junto con la consultora EcoGo (que lideran Marina Dal Poggetto y Sebastián Menescaldi) y al que accedió La Nación en exclusiva.
El relevamiento tomó la información de la Central de Deudores del Banco Central y considera el financiamiento a personas físicas tanto de entidades financieras como de proveedores no financieros.
Se trata de un indicador utilizado como aproximación al crédito de las familias: aunque puede incluir financiamiento destinado a actividades comerciales de monotributistas y autónomos, la mayor parte corresponde al consumo.
“La mora sigue subiendo y ya se lleva casi uno de cada seis pesos prestados”, advierte Martín E. Masci, coautor del informe, profesor asociado e investigador en la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral.
La suba de los atrasos convivió, además, con una expansión del financiamiento. Sobre el universo comparable de entidades, el stock de crédito a personas físicas creció 9,1% interanual en términos reales y registró un avance de 0,1% frente a mayo.
La principal diferencia aparece según quién haya otorgado el crédito. “El crédito no bancario concentra el deterioro”, señaló Masci.
Los proveedores no financieros representan apenas el 14,1% del stock total relevado, pero registran una mora por monto del 31%, más del doble del 15,2% correspondiente al sistema financiero.
La brecha también aparece al contar personas: el 29,2% de los deudores del segmento no financiero está en mora, frente al 19,2% dentro del sistema financiero.
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Aunque manejan una porción relativamente menor del monto total financiado, los proveedores no financieros tienen un alcance considerable: 12,3 millones de personas registran algún crédito con este tipo de entidades, frente a 15,6 millones dentro del sistema financiero. Ambos universos se superponen, ya que una misma persona puede mantener obligaciones con prestamistas de los dos segmentos.
A esa presión se suma el costo del financiamiento. Según Econométrica, en junio el costo financiero total de los préstamos personales alcanzó el 120,4% anual, frente a una inflación interanual de 33,5%. La brecha se amplió significativamente respecto de cinco años atrás: en junio de 2021, el costo era del 78,5% y la inflación, del 51,4%. Fuera de los bancos, además, el financiamiento puede ser todavía más caro: en algunos proveedores no financieros, las tasas llegan a triplicar los niveles del sistema bancario.
¿Qué pasó en las provincias?
El deterioro se extendió a todo el país, aunque con diferencias significativas entre jurisdicciones. Según el relevamiento de la Universidad Austral y EcoGo, la mora por monto aumentó en términos interanuales en las 24 jurisdicciones, al mismo tiempo que todas registraron un crecimiento real del crédito. Es decir, durante el último año convivieron una expansión generalizada del financiamiento y un aumento de los atrasos.
La Rioja presentó en junio el mayor nivel de mora por monto del país, con el 24,5% del crédito otorgado a personas físicas, seguida por San Luis (22,6%) y Santa Cruz (22,2%). En el otro extremo quedaron La Pampa (9,1%), la Ciudad de Buenos Aires (11,9%) y Entre Ríos (13,4%). La diferencia entre los extremos es significativa: la proporción de crédito en mora en La Rioja es más de dos veces y media la registrada en La Pampa.
El mapa mostró, además, que las jurisdicciones más endeudadas no son necesariamente las que presentan mayores niveles de mora. Los distritos donde el crédito tiene mayor peso en relación con el tamaño de sus economías son Tucumán, Catamarca y Formosa, mientras que ninguno de ellos encabeza el ranking de atrasos. Los mayores niveles de irregularidad, en cambio, se registraron en La Rioja, San Luis y Santa Cruz.
Una relación similar aparece al observar la velocidad de crecimiento del financiamiento. CABA y La Pampa, donde el crédito real aumentó 13,1% interanual —la mayor expansión del país—, registraron tasas de mora de 11,9% y 9,1%, respectivamente, entre las más bajas del territorio. En Neuquén, el financiamiento creció 13% y la irregularidad fue del 15,8%, también por debajo del promedio nacional. En cambio, San Luis y Santa Cruz, dos de las tres provincias con mayor mora, tuvieron aumentos reales del crédito de 8,1% y 8,3%, inferiores al 9,1% registrado a nivel nacional.

El carácter generalizado del fenómeno coincide con otro análisis elaborado por el Centro de Estudios Económicos del Banco Provincia. Ese trabajo encontró que los atrasos aumentaron en todo el territorio, incluso en provincias donde la actividad económica mostró una mejor evolución.
Plan B/ La Nación / 9-8-2026
