Gracias Messi.

Es sólo fútbol, pero por un rato los argentinos volvimos a soñar y a estar unidos

Por Martín Boerr

Dicen que a los argentinos solamente hay dos temas que los unen sin distinción de credos, simpatías políticas, clases sociales ni otras yerbas: Malvinas y la Selección.

Pero en el caso de la Selección, esa comunión solamente se da en algunos momentos especiales, determinadas competencias y circunstancias donde por arte de magia, todos volvemos a soñar, ilusionarnos y sentirnos parte del mismo barco.

Los más grandes nos acordamos bien lo que fue Italia 90, el Mundial más emocionante para un argentino que tenga más de 40 años, donde todo el tiempo estuvimos entre el cielo y el abismo y por un pelito no lo terminamos ganando.

A los alemanes los terminó salvando el árbitro mexicano Codesal con ese penal dudoso que Andreas Brehme pateó casi a la perfección, y así y todo el inspirado Sergio Goycoechea casi ataja.

Y hoy cuando terminó el Argentina 2 – Australia 1 en el estadio Ahman Bin, una sensación muy parecida a aquellos recordados festejos del 90 nos volvió a invadir.

Se vio en el festejo y la cara de felicidad de Messi con los hinchas. En ese abrazo del final con el arquero “Dibu” Martínez, cuando paró esa pelota que nos podría haber dejado con las manos vacías.

Acá está pasando algo especial, dijimos muchos, acostumbrados a que en esas jugadas nos suelen mandar de vuelta a casa (Götze en 2014, Denis Bergkamp en 1998, y la lista sigue).

Es mucho más que un partido ganado y un pase a octavos de final.

Esto mismo no pasó en Rusia 2018 con las divisiones que arrancaron entre el cuerpo técnico encabezado por Sampaoli y el equipo. Tampoco en ocasión de otros pases de octavos a cuartos de final, como cuando se le ganó a Inglaterra en Francia 98, o a México en Alemania 2006.

Ni siquiera pasó en Brasil. El Mundial del 2014 empezó a hacerse inolvidable recién a partir de cuartos de final, cuando Di María le hizo el gol a Bélgica y pasamos a semifinales contra los holandeses, los mismos rivales del próximo sábado.

Pero acá es distinto. Quizás porque la Argentina remontó con mucho carácter ese cachetazo contra Arabia Saudita.

Porque otra vez como en la Copa América 2021 la historia de Messi, quizás la última que escriba con la Selección, nos conmueve a todos y emociona verlo jugar así, con esa entrega y su talento puesto al servicio de un físico que ya no rinde como hace diez años, pero que así y todo se las ingenia para ser decisivo.

Le vemos la cara a Messi y nos conmueve. ¿A quién no?

Quizás porque los argentinos venimos muy golpeados con un país que acumula frustraciones, y no crece económicamente hace más de 10 años y tampoco encuentra respuestas al flagelo de la pobreza y la inflación, y lo peor: ya no esperamos nada de nadie.

Pero acá volvimos a soñar.

Es cierto, solamente es fútbol. Pero hoy las sensaciones que dejó la celeste y blanca invitan a soñar, a ilusionarse, a encontrar ese punto en común que hace que todos los argentinos estemos unidos.

Acá en Qatar 2022 como hace 32 años en Italia 90, todos los argentinos volvimos a estar un ratito en el mismo barco.

Ojalá podamos seguir soñando un tiempito más, que no nos despierten de este sueño. Y que el Mundial contagie esa mística que los argentinos también tenemos, esa que dice que todos juntos, tirando para le mismo lado, podemos más.

Plan B/ 3-12-2022

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