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Plan B en San Antonio: El jeito de vivir y trabajar en la frontera

Por Florencia Goncalves

Misiones cuenta con un 90% de frontera con Paraguay y Brasil. En todo ese territorio limítrofe hay puntos en los que la frontera es una especie de ilusión, que lejos de establecer límites genera lazos sociales, económicos, productivos.

A su vez, esos vínculos conforman una idiosincrasia y una cultura propia del vivir en la frontera que sólo puede ser entendida recorriendo y charlando con los lugareños. 

En la zona norte, los 15 kilómetros que separan a San Antonio de la localidad brasileña Santo António, conforman un pasaje dinámico para argentinos y brasileros que se movilizan permanentemente para visitar parientes, comprar mercaderías, trabajar e incluso para ir a comer o dar un paseo. 

El valor del Real, que esta semana se calcula en $54, hace que mientras que los brasileros procuren vino y harina en Argentina; los misioneros busquen ropa, zapatos y algunas mercaderías puntuales en Brasil. 

La relación cambiaria se explica de forma sencilla y sin tantas vueltas: “el valor oficial es una cosa. Acá se calcula día a día el valor entre Real y Peso, dependiendo de si ellos tienen reales para vender, te suben y sino te bajan”, contó a Plan B un técnico agrónomo de la zona. 

Así, por ejemplo, almorzar en un buffet brasilero cuesta 28 reales, lo que en promedio se calculan como unos $1.500. 

Trabajar en el país vecino

En cuanto al mercado laboral, se estima que cerca de 1.000 lugareños (más del 10% de la población local) trabajan del lado brasilero, en Santo Antonio, ciudad con más de 25.000 habitantes que hoy representa un polo de confección textil en el Estado de Paraná y está abocada también a la producción agrícola y ganadera.

Los argentinos no sólo cruzan a trabajar en indumentaria a Santo Antonio, sino también se van a otros pueblos aledaños como Pranchita, que cuenta con una población pequeña pero una importante actividad rural. 

En Brasil, los misioneros también se ocupan en el sector de la construcción, la producción de granos y lácteos e incluso atención al público y actividades del tipo doméstico, como limpieza y cuidado de ancianos. 

Los más jóvenes, suelen animarse a la atención al público en “lojas” o bien, a algunas tareas puntuales en otros comercios locales, como cortar fiambres y quesos. 

El río San Antonio, apenas un hilo de agua que se cruza sobre tablones para pasar de un país a otro (Foto: Archivo Diario La Nación).

La mayoría trabaja de manera informal e incluso sin siquiera realizar el trámite de salida del país. 

“Sólo en el caso de las empresas brasileras más grandes, se exige el CFP, ese documento que hacés en Migraciones para trabajar en blanco allá”, explicó Pedro, un joven de 19 años que está terminando de estudiar la secundaria en San Antonio y trabaja en Brasil “cada tanto para hacerse unos buenos pesos”. 

Quienes se van “al otro lado” trabajan en jornales de 8 horas y ganan entre 80 y 120 Reales, pagados en mano en billetes brasileros o en pesos, al valor del dólar blue local.  

“Se gana desde 80 reales lo que para nosotros es más de $4.200 con seguridad y en billetes en mano”, contó Mirna a Plan B. 

Para algunos oficios puntuales, existe incluso un ´salario mínimo fijo´ conocido y manejado por la comunidad. Por ejemplo, las ´diaristas´ -mujeres que trabajan con los quehaceres domésticos- tienen un sueldo mínimo de 1.100 reales al mes. 

No únicamente la gente del pueblo se cruza a trabajar al Brasil, sino también se van desde la colonia, ya que existe también una brecha entre los pagos por jornales de trabajo en el campo. “Acá en el campo como máximo podés ganar por día unos 2.000 pesos. Si quiere ganar más, la gente se va a Brasil y te pagan casi 100 reales”, dijo a Plan B, Gladys, una productora del Paraje 130. 

“Para  Diarista  Salario mínimo es de $1.100 reales, lo que serian como $75.000. Nadie se quiere registrar porque pierden la asignación y las becas de huertas se van a Brasil y cobran el doble del jornal que se paga acá”, explicó Gladys, de paraje 130.

“Trabajar acá -en Argentina- en blanco, la persona tiene que poner en una balanza a ver si le conviene abandonar el plan. Fijate vos que un maestro de grado gana $54.000 con zona y un poco de antigüedad. Si o si para que te rinda, tenés que tener dos cargos o dedicarte a otra cosa también”, explicó.

Las pinguelas en la frontera casi seca, imposible de custodiar

La Aduana en el Paso Internacional entre San Antonio y Santo Antonio funciona oficialmente entre las 7 y las 19 horas. En esa franja horaria es posible transitar con distintos tipos de vehículos para quienes ingresan oficialmente a Brasil. 

Pero el grueso del tránsito vecinal es constante durante las 24 horas y se realiza a pie, en moto o en bicicleta y no únicamente por el Paso Fronterizo, sino por cualquiera de las pinguelas (los puentecitos hechos con tablas) o, simplemente, caminando sobre terreno firme. 

Cualquier persona que llegue a San Antonio, puede charlar con los baqueanos e incluso comerciantes, y obtener múltiples opciones para “pasar al Brasil”. Eso sí, si es para viajar, ir a las playas o un poco más allá de Santo Antonio, recomiendan hacer el ingreso formal al país.  

“Nosotros vamos y venimos todo el tiempo, no hay controles exhaustivos porque acá ya nos conocemos todos”, explicó Miguel, un vecino de la zona céntrica. 

Y agregó que el control es “casi imposible” ya que “ni siquiera se pudo controlar al 100% en época de pandemia, donde muchos misioneros que trabajaban en Brasil alquilaron departamentos o casas y vivieron temporalmente en Santo António”. 

“Esto de vivir en la frontera es beneficioso en cierta parte. Tiene su ciclo, independientemente de lo que significa para la economía del país. Cuando está mal allá, nos conviene a nosotros y, si está mal acá, les conviene a ellos. Siempre alguien gana”, contó María Teresa González, quien vive hace 34 años una de las primeras docentes de la Escuela Agrotécnica de San Antonio. 

Plan B/ 15-11-2022

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