OPINIÓN.

El Ejército necesita una misión más grande y podría ayudar contra el narcotráfico

Por Martín Boerr

Así como la muerte del soldado Carrasco hace 30 años marcó el final de la conscripción militar obligatoria, la muerte del subteniente Matías Chirino en Paso de los Libres hace tres semanas tras una juerga donde sobró el alcohol y el “bautismo” en Apóstoles al cabo Verón (que podría quedar paralítico), invitan a una reflexión profunda de toda la sociedad.

¿Qué pasa en el Ejército Argentino con la disciplina? Y mucho más importante. ¿No es hora de debatir una nueva misión y un rol más importante para el Ejército Argentino?

En economía se considera un Cisne Negro a esos hechos muy raros que se dan muy de tanto en tanto y son muy difíciles de pronosticar. Son situaciones improbables pero no imposibles.

La muerte del subteniente Matías Chirino fue un Cisne Negro para el Ejército, una situación que no es desconocida, pero aparece una vez cada 20 o 30 años.

Pero acá aparecieron no uno, sino dos Cisnes Negros y con un espacio temporal de apenas un mes. Y ambos en la misma jurisdicción de la Brigada de Monte XII cuya jefatura tiene asiento en Posadas, una unidad tan importante en la vida y el afecto de los misioneros.

Esta brigada tiene bajo su mando al Grupo de Artillería de Monte 3 (Paso de los Libres), al Regimiento de Infantería de Monte 30 (Apóstoles) y a los regimientos de Iguazú, Irigoyen (Compañía de Cazadores de Monte 18) y San Javier (Regimiento de Infantería 9), además de unidades en Goya y Mercedes.

El subteniente Matías Chirino se emborrachó junto a sus camaradas en un “bautismo” o fiesta de iniciación en el regimiento del Grupo de Artillería 3 de Paso de los Libres, que depende de Posadas.

Como también depende de Posadas el Regimiento de Infantería de Monte 30 donde servía el cabo Michael Natanael Verón, de 25 años.

Ambas unidades dependen del Coronel Sergio Jurczyszyn, que llegó a esa jefatura hace apenas unos meses.  

Jurczyszyn es un militar ejemplar y está realizando una notable tarea de vinculación del Ejército Argentino con la sociedad misionera.

Ayudando a construir puentes como el del arroyo Pindayti, desplegando carpas sanitarias, incorporando la cifra récord de 1.500 voluntarios -inédita en 30 años- que obligan a los mismos oficiales a desempolvar y reaprender la instrucción a chicos de 18 años que no terminaron la secundaria en esta nueva era del lenguaje inclusivo y las “soldadas” (como dijo el jefe del Ejército, Guillermo Pereda, en el acto celebrado el 29 de marzo pasado en la unidad ubicada en Centenario y Av. Aguado).

En el caso del subteniente Chirino, Jurczyszyn actuó también de manera rápida sin dejar lugar a dudas cuáles son los valores del Ejército. Relevando a toda la cúpula en Libres y presentándose él mismo ante la Justicia Federal para radicar una denuncia por posible abandono de persona. 

Pero fundamentalmente, Jurczyszyn estuvo presente conteniendo a los padres de Chirino, un matrimonio de condición humilde que vive en la localidad cordobesa de Río Primero y que perdió trágicamente a su único hijo varón.

Una misión impostergable, postergada

Jurczyszyn y Herrera Ahuad el sábado 9/7 en Oberá. El comandante de la XII Brigada tenía previsto terminar ese acto y partir inmediatamente a Rio Primero, a ponerse a disposición de los padres del subteniente Chirino, fallecido con 22 años tras un “bautismo” en el cuartel de Libres. Lo casi imposible, ocurrió: tuvo que quedarse en Misiones por otro hecho muy similar.

A tal punto dio la cara este oficial -instructor de comandos-, que el sábado 9 de julio tenía una misión impostergable tras acompañar el gobernador Oscar Herrera Ahuad en Oberá en la celebración por los 206° aniversario de la Independencia.

“El sábado termina el acto e inmediatamente viajo a Córdoba para acompañar a los padres, ponerme a disposición de ellos, es lo menos que puedo hacer”, señaló en un diálogo con Plan B la semana pasada.

Pero el sábado al mediodía, apenas terminó el acto en la Plaza Belgrano de la Capital del Monte, Jurczyszyn atendió el celular para recibir una noticia que no podría haber imaginado ni en la peor de sus pesadillas: otro Cisne Negro, otro hecho lamentable de esos que pueden suceder cada 20 o 30 años, estaba pasando nuevamente, apenas tres semanas después de Paso de los Libres, y en una unidad bajo su mando.

¿Cuántas son las posibilidades de que eso suceda? ¿Una en un millón? Pues increíblemente sucedió.

La actuación de Jurczyszyn en el caso del cabo Verón es pública y conocida. También dio la cara, comunicó a la familia y a la sociedad todas las medidas que se tomaron. El Ejército desplazó a la cúpula del regimiento de Apóstoles y está realizando las investigaciones pertinentes para determinar qué pasó exactamente ese día en el “bautismo” en el club de suboficiales.

¿Qué está pasando en el Ejército?

Sin embargo, dos hechos de la misma naturaleza con apenas unos días de diferencia obligan a repensar qué está pasando en el Ejército a pesar de que cuenta con hombres y mujeres ejemplares, como Jurzcycyn y la enorme mayoría de los oficiales, suboficiales y soldados que integran los regimientos.

Hace un mes un oficial que participó en ejercicios del operativo Escudo Norte me explicó cómo la sola presencia del Ejército disuade a los narcotraficantes de pasar por determinados lugares de la frontera “caliente”, facilitandole la tarea a la Gendarmería o la Prefectura.

Sin embargo, ese mismo oficial me hizo una advertencia sobre estos operativos, que me vino a la mente cuando pasó lo del cabo Verón: “No sirven en estos ejercicios ubicarse en posiciones fijas, porque ahí, sin nada que hacer, se empieza a resquebrajar la disciplina”.

Entonces el interrogante surge solo. ¿No será que el Ejército necesita imperiosamente una misión más importante y estas evidentes faltas de disciplina son un llamado de atención?

¿Alcanza con el lento y paulatino reequipamiento de las fuerzas armadas y una evidente voluntad de ponerlas en valor para tener ocupados de cuerpo y mente a jóvenes soldados que tienen una gran vocación de servir a la Patria?

Hoy cualquiera sabe que no hay posibilidad de guerra con Chile o Brasil, pero la Argentina está enfrentando una guerra muy dura que está destruyendo a parte de la sociedad, sobre todo la más vulnerable, y es el narcotráfico.

¿Hasta cuándo los hombres y mujeres del Ejército de Monte que fueron entrenados para servir a la Patria van a estar sentados sin nada que hacer, muriendo en borracheras mientras los narcotraficantes cada vez actúan con más audacia y corrompen con su dinero voluntades e instituciones?

Lo que se quiere apuntar, fundamentalmente en esta columna, es la necesidad de abrir una discusión seria y con argumentos para que sea la sociedad la que decida si el Ejército tiene que seguir en los cuarteles mientras el narcotráfico avanza o puede tomar un rol más o menos limitado en el combate contra este flagelo.

Debería figurar en la plataforma de los candidatos a Presidente del 2023. No la certeza de que el Ejército tiene que hacer esto o aquello, pero si la seguridad de ofrecer ese debate en todos los ámbitos. En un país tan dividido como la Argentina pocas cosas podrían generar un efecto tan aglutinador como un Ejército bien equipado.

Pero más allá de estas preguntas que les traslado a los lectores de Plan B, también le hice estas preguntas al ministro de Defensa Jorge Taiana y al jefe del Ejército, general de División, Guillermo Pereda, el 29 de marzo pasado cuando estuvieron en Posadas. Acá adjunto los audios con sus respuestas.

Plan B al Ministro de Defensa, Jorge Taiana en Posadas 29-3-2022. ¿Debe el Ejército de Misiones ayudar a combatir al narcotráfico?

“La presencia misma del Ejército yo creo que es disuasiva, en la Argentina la separación entre Defensa y Seguridad es clara y afortunadamente las Fuerzas Armadas no se involucran en la lucha contra el narcotráfico, se involucran, sí, en el control del territorio que tiene un efecto indirecto”, me respondió Taiana, cortés pero firme en su posición.

Jefe del Ejército Argentino, Gral de División, Guillermo Pereda a Plan B, el 29-3-2022. ¿Deben las unidades del Ejército en Misiones ayudar a combatir el narcotráfico?

Para Taiana, la misión del Ejército es disuasiva. Es decir, tener fuerza para no tener que utilizarla y así proteger los recursos naturales como la plataforma continental o el yacimiento de Vaca Muerta.

Pereda también me respondió algo parecido, aunque a los militares no les queda otra que obedecer a sus superiores y el Jefe de Pereda es el mismo Taiana.

La Argentina es un país en franca decadencia, como lo prueba su pobreza creciente que amenaza a llegar al 50 por ciento, su incapacidad para generar puestos de trabajo de calidad en los últimos 10 años y la sensación de que en este país hay un sálvese quien pueda permanente.

El país perdió capacidades importantes para llegar a esto. Menciono una sola: la desactivación de los ramales de trenes que daban vida a miles de pueblos del interior.

Si algún perverso alguna vez quizo dañar a la Argentina, como señalan las teorías conspirativas, con la desactivación de los trenes de pasajeros ciertamente dio en el blanco.

Yo a eso le agregaría el tener a un Ejército de hombres y mujeres jóvenes (que nada tienen que ver con lo que pasó en los años 70) con muchas ganas de ser útiles a la Patria, sentados sin hacer nada, mientras el país empobrecido va sucumbiendo a las garras del narcotráfico.

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