Opinión.

Un 2023 que pone a prueba la astucia política de Rovira

Por Pedro Lacour *

La incipiente campaña de cara a las elecciones misioneras del próximo 7 de mayo tuvo esta semana su primera polémica de peso.

Una discusión que, sin dejar de exponer el bajo vuelo del debate político local, estuvo cargada de gestos simbólicos. Bastó con que se viralizara en redes
sociales la nueva leyenda plasmada en el arco que marca el límite entre Misiones y Corrientes para que la dirigencia provincial comience a quitarse la modorra veraniega y empiece a tomarse en serio el camino que deberá recorrer en los meses que vienen.

“Bienvenidos a la primera provincia start up de la Argentina”, reza la frase que figura en la tradicional construcción ubicada sobre la ruta nacional 12. Es que, mientras la oposición de Juntos por el Cambio comenzó a recolectar firmas para que el gobierno provincial restituyera el saludo anterior –“Bienvenidos a la tierra colorada”–, la Renovación no desaprovechó la ocasión y desplegó toda su batería argumentativa a través de sus principales usinas de propaganda.

“Unos 300 mil chicos misioneros accedieron en los últimos años a alguno de los esquemas de capacitación gratuita en las nuevas tecnologías que impulsa el Gobierno de Misiones como parte del objetivo, ya logrado, de ser la primera provincia startup del país”, redobló la apuesta el ministro del Cambio Climático, Gervasio Malagrida, a través de una nota que se difundió en los medios.

Para el músico, los jóvenes “abrazan” las TICs (tecnologías de la información y el conocimiento) como “el motor de transformación de la economía, la vida y las sociedades actuales y del futuro”.

La jerga vinculada a la “economía del conocimiento” ya es marca registrada de la impronta de avanzada que Carlos Rovira le busca dar a la Renovación en su etapa de consolidación hegemónica.

Sin embargo, parado sobre una construcción envidiada hasta por sus enemigos, el presidente de la Legislatura sabe que los resortes políticos del proyecto que conduce, y que está a las puertas de cumplir dos décadas de vida, dejaron de ser los que eran en aquel temprano 2003.

El tiempo pasa para todos. Y pese a manejar a su gusto las riendas de Misiones, Rovira ve en el porvenir un desafío. Sobre él se cierne el peligro de todo liderazgo indiscutido: el ensimismamiento.

La fórmula de candidatos oficializada hace un mes por la Renovación, con el exgobernador Hugo Passalacqua a la cabeza, condensa a la perfección ese clima de época transicional.

Passalacqua recoge lo sembrado: su nivel de conocimiento es, sin lugar a duda, uno de los más altos dentro de la dirigencia local. Así y todo, y aunque es recordada aquella mención de Rovira en la que aseguraba que el votante misionero se había quedado “con ganas de más Hugo”, la incomodidad
en las bases militantes renovadoras es vox populi. Sobre todo, con el rol asignado a su joven ladero, el diputado provincial Lucas Romero Spinelli.

Sucede que, con independencia de su formación académica y su expertise en el campo de las TICs, no son pocos los que ven en la candidatura a vicegobernador de Romero Spinelli un capricho personal del conductor. “Creemos que Carlos se equivocó”, se escucha murmurar por lo bajo.

Son voces que, alejadas de la centralidad posadeña, no disimulan su malestar por el puesto protagónico concedido a una figura que, tras un ascenso meteórico que lo depositó en lo más alto del poder, lejos está de ser fuerte en el territorio.

No son, cabe aclarar, quejas nuevas. Los lugares otorgados tanto a la juventud como a los outsiders –el caso del golfista y actual concejal Daniel “Colo” Vancsik es paradigmático– son criticados por los dirigentes históricos de la Renovación que hace tiempo se vieron corridos de cualquier mesa en la que se tome alguna decisión de trascendencia.

Nostálgicos de aquel Frente Renovador de la Concordia originario, nacido al calor de la transversalidad kirchnerista, que contaba con dos alas bien definidas y permitía una deliberación interna que hoy, a las claras, es inexistente.

La confirmación de la candidatura de Passalacqua, un soldado leal a la causa, da por cerrado un ciclo y abre otro. No solo porque el obereño es la cara del giro provincialista que encarnó la Renovación en sus últimos años.

Su más que probable segundo mandato como gobernador representará el final de un modus operandi electoral que Rovira parecía haber escrito en piedra: darle el mando de la gestión a los exvicegobernadores y así evitar, sucesivamente, eventuales rebeliones de delegados díscolos. Cries in clossismo

La cintura y el cálculo

Mientras se considera que el turno provincial resultará algo más que un trámite, las elecciones nacionales volverán a transformarse en un reto para el oficialismo.

La victoria de Juntos por el Cambio en las legislativas de 2021 fue una luz de alarma: si se ratifica la decisión de no acompañar a ningún candidato a presidente, la Renovación corre serio riesgo de quedarse sin representantes propios en el Senado. En la Cámara alta, Rovira pone en juego las dos bancas alcanzadas en 2017, que hoy, en rigor, es apenas una.

En Diputados, en tanto, de repetirse el magro resultado de la “boleta corta” en 2019, la bancada misionerista se transformaría en un monobloque.

¿Hasta qué punto ese virtual escenario podría poner en jaque la cimentada pax rovirista? La Renovación es consciente de que perder asientos en el Congreso es el costo que debe pagar por la “independencia política” conquistada a partir de 2015.

Escapar de las muchas veces estériles discusiones nacionales le permitió, primero a Passalacqua y después a Oscar Herrera Ahuad, enfocarse enteramente en la gestión provincial.

A pesar de que no fueron pocas las veces en que los diputados y senadores renovadores debieron ensuciarse las manos al acompañar medidas que, garantía de gobernabilidad de por medio, acabaron por perjudicar directa o indirectamente los intereses misioneros.

El vanguardismo del que la Renovación hace alarde al momento de decidir impulsar las nuevas tecnologías muta en demagogia en el preciso instante en que decide hacer silencio ante las problemáticas que cruzan a la Argentina en su conjunto, Misiones incluida.

¿De qué otra manera se explica, si no, el argumento según el cual la intervención del FMI en la economía es un tema que “no le interesa” al misionero, cuando en la letra chica del acuerdo firmado con el organismo figura, entre otros ajustes, un fuerte recorte en los giros del Estado nacional a las provincias?

Todo se traduce en una palabra: pragmatismo. Un toma y daca tan crudo como eficaz. Para muestra, un botón: el encargado de suscribir esa política de austeridad tutelada por el Fondo es, sin ir más lejos, el todopoderoso ministro de Economía, Sergio Massa, a quien Rovira agradeció públicamente por incluir la zona especial aduanera en el presupuesto 2023.

¿Podrá el tigrense cumplir con todas las promesas que le hizo a Herrera Ahuad y cobrarse, a cambio, el apoyo del líder renovador en una eventual aventura presidencial?

¿Qué lugar ocupa esa variable en los cálculos electorales Rovira? Falta mucho para que se despeje la incógnita, pero Massa sabe que en Misiones cuenta con un “amigo”.

*Sociólogo y periodista / 24-1-2023

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