De Candelaria.

Se levanta a las 3 AM, vende en el Mercado, vuelve a la chacra a trabajar: "Y aún así, no alcanza"

Plan B publica hoy otro testimonio de un pequeño productor de la zona Sur, cercana a Posadas, que vende su producción en el Mercado Central. Hoy Juan Smijoski, cuenta su historia de trabajo y sacrificio, y de una realidad que no recompensa el esfuerzo todo lo que debería. Su historia, es la de miles de colonos a lo largo y ancho de toda la provincia.

Por Victoria González

A las cinco de la mañana, cuando la mayoría todavía duerme, Juan Smijoski ya está en el Mercado Central de Misiones.

La rutina se repite todos los días: abrir, vender hasta las 9, almorzar, volver a la chacra y retomar el trabajo de la tierra a las 13 para preparar la mercadería del día siguiente.

El día empieza temprano, a las 3 de la madrugada, en la chacra de la familia Smijoski, en la zona de Candelaria.

Allí, el trabajo se sostiene desde hace más de cuatro décadas. “Esto lo empezó mi viejo, con mis hermanos; después cada uno fue tomando su rumbo”, resumió Juan Smijoski, un colono que vende su producción en el Mercado Central de Misiones.

En esa línea, recordó los inicios: “Mi viejo empezó en el Centro Correntino, donde alquilaba un pedacito de tierra, y luego consiguió un terreno en Candelaria”.

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El papá de Juan Smikjoski, de 74 años, también trabaja en la chacra, junto a su hijo y su hermano.

Hoy, junto a su hermano Rubén, su tío, su mamá y su papá —de 74 años—, trabajan 20 hectáreas dedicadas a la producción citrícola y hortícola.

Toda la producción se comercializa en el Mercado Central de Misiones.

Sobre la producción actual, detalló: “Ahora estamos haciendo hoja verde: cebollita, perejil, acelga, lechuga”.

En cuanto a los cítricos, agregó: “Tenemos distintos tipos de naranja y mandarina, para que vaya escalonada la producción durante todo el año”.

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Sin embargo, el esquema es limitado: no hay diversificación comercial, ni exportación, ni llegada a supermercados.

“Nosotros dependemos 100% del Mercado Central de Misiones. Por una cuestión de horarios, no da para cubrir otros ámbitos”, explicó.

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La familia Smijoski se dedica a la producción de lechuga, rúcula, acelga y otras hojas verdes.

Aún así, el vínculo con el mercado sigue siendo central en su dinámica diaria. “El Mercado Central de Misiones ahora está muy tranquilo, se puede trabajar; es nuestra segunda casa y está medianamente más organizado”, describió.

Sin embargo, la permanencia no garantiza estabilidad. “Es medio imposible ponerle un precio al costo productivo o a la ganancia”, reconoció Juan Smijoski, en diálogo con Plan B, al describir la realidad económica actual.

La frase sintetiza el problema de fondo: se trabaja, pero no siempre se sabe si los números van a cerrar.

Entre la pandemia y la sequía: el punto de quiebre del productor misionero

“El momento más dificil para nuestra producción fue durante la pandemia y los dos años seguidos cuando hubo sequías”, contó Juan Smijoski.

Por estos motivos: “es medio imposible poner un valor al costo mensual”, admitió.

Los costos no son fijos, dependen del clima, de las enfermedades de las plantas, de lo que haya que invertir en cada temporada. “Lo que entra, muchas veces, vuelve a salir para sostener la producción”, dijo.

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El invernadero

El clima, en ese esquema, deja de ser un factor más y pasa a ser determinante.

“En enero, una seguidilla de lluvias nos hizo perder aproximadamente un mes de cosecha”, explicó. El impacto no es menor: menos producción, menos ingreso y más incertidumbre. “La mayor parte del año lo que se hace es que, sobre lo que se vende, se va comprando y guardando elementos para cuidar las plantas”.

El futuro del productor misionero

“Está complicado el tema de los precios, para que sea sustentable esta actividad en el futuro”, dijo.

La competencia no es pareja. Mientras en otras provincias la producción se maneja a gran escala, en Misiones el trabajo sigue siendo familiar y limitado.

“En otras provincias se produce a otra escala totalmente diferente, entonces pueden manejar otro precio”, explicó Juan Smijoski. El impacto es directo: “se aplaca el sacrificio que es acá”.

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Cítricos

A esa desventaja se suma otro dato concreto: cada vez hay menos manos en la chacra.

El propio productor no esquiva el diagnóstico: “Yo realmente le veo muy difícil acá a unos años”.

La tendencia ya se nota puertas adentro. Aunque la familia sigue vinculada al rubro, el trabajo en el campo se achicó. “Acá en el campo con mi viejo estoy solamente yo”. Con más de 40 años de historia, la producción no crece, simplemente, se mantiene.

Plan B/ 12-6-2026

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