En abril del 2024, Plan B invitó a Oscar Thomas, director ejecutivo por la EBY durante 12 años (el que más tiempo ocupó ese puesto) a escribir unas reflexiones sobre el proyecto Corpus. También publicamos un artículo de Humberto Schiavoni, el único titular de la EBY que estuvo en dos períodos distintos (2002 y 2016-2017). Antes también le propusimos al reconocido ingeniero Oscar Vardé, eminencia en el mundo de las represas, compartir sus opiniones sobre la cuestión.
Hoy compartimos las reflexiones sobre la posibilidad de Corpus del Ingeniero Andrés Ayala (docente en la Facultad de Ingeniería de la UNaM, trabaja en Yacyretá), y del Ingeniero Roberto Balmaceda.
La batalla cultural que Misiones todavía no dio
Por Roberto Balmaceda y Raúl Ayala*
Yacyretá pasó de ser, para muchos misioneros, un sinónimo de conflicto, relocalizaciones y promesas incumplidas, a convertirse en una infraestructura que dejó huellas profundas en la provincia.
No fue un proceso lineal ni exento de errores. Hubo costos sociales reales, demoras, tensiones. Pero también hubo aprendizajes, obras estructurales y capacidades técnicas que hoy forman parte del capital misionero.
Reducir Yacyretá a la costanera es cómodo, pero injusto. La transformación urbana, el saneamiento, la infraestructura vial, la formación de profesionales y empresas locales son parte de un legado más amplio. Con el tiempo, aquello que era visto casi exclusivamente como problema terminó mostrando resultados concretos. La experiencia dejó algo más importante que una obra: dejó lecciones.
Sin embargo, mientras Yacyretá se acomodaba en la historia, otros debates quedaron congelados.
El proyecto Corpus, y luego otras iniciativas hidroeléctricas sobre el río Uruguay como el complejo Garabí – Panambí, quedaron atrapadas bajo una sombra simbólica. No necesariamente por sus características técnicas o ambientales, sino por una memoria colectiva que asoció “represa” con conflicto.
Hace pocos días (11/2/26) en una columna en BAE Negocios, se plantea que la transición ecológica es también una “guerra cultural”: no solo se discuten tecnologías, se discuten símbolos, identidades y prejuicios. El autor se refiere al rechazo cultural hacia la energía nuclear. Pero mientras leía, pensé en algo incómodo: en Misiones ocurre algo parecido con la hidroelectricidad.
Durante años la discusión fue “represa sí o represa no”. Pero como se ha señalado desde la experiencia operativa, la pregunta relevante ya no es esa, sino bajo qué condiciones se piensa, se construye y se opera una obra de este tipo. La consigna binaria tranquiliza, pero empobrece el debate.
Hoy el mundo exige estándares ambientales rigurosos, participación social efectiva y monitoreo permanente. Existen marcos técnicos e institucionales que hace cuarenta años no estaban disponibles.
Brasil coordina más de 160 infraestructuras hidroeléctricas bajo un sistema integrado, con reglas de operación y seguimiento por cuencas. Paraguay se posiciona como exportador de energía hidroeléctrica y motor de desarrollo regional. La región ya gestiona sus grandes ríos. La pregunta estratégica es si esa gestión se traduce en bienestar territorial o si simplemente miramos desde la orilla.
Mientras tanto, Misiones enfrenta una realidad concreta: la demanda crece, los veranos son más exigentes y la electricidad no es un dato técnico, es condición de desarrollo.
Y hay un dato que no admite relativizaciones: el futuro exige reducir de manera sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a los combustibles fósiles tradicionales. El cambio climático dejó de ser una hipótesis académica para convertirse en una variable económica, productiva y social.
Las matrices energéticas que sigan dependiendo de fuentes térmicas intensivas en carbono enfrentarán mayores costos, restricciones financieras y pérdida de competitividad. En ese escenario, las fuentes renovables de base, con baja huella de carbono y capacidad de aportar energía firme, adquieren un valor estratégico que no puede ignorarse.
En ese contexto, la hidroelectricidad no es una discusión romántica ni nostálgica. Es una herramienta posible dentro de un sistema que necesita estabilidad, previsibilidad y escala. Lo que preocupa no es la crítica ambiental —que es necesaria— sino el prejuicio simbólico que impide siquiera discutir con datos.
Oscar Thomas: Por qué Misiones tiene que ir a otro plebiscito y, esta vez, decirle “SI” a Corpus
La biodiversidad en la provincia de Misiones tiene una importancia ecológica, social, cultural y económica fundamental para el bienestar local como para las funciones ambientales regionales y globales (Misiones alberga una porción excepcionalmente rica de la Selva Paranaense), uno de los ecosistemas más biodiversos amenazados del planeta, lo que hace que su conservación sea estratégica para la vida humana. Corpus y sus reservas compensatorias sin duda ayudarían a concretar ese camino.
Cuando la discusión se clausura por memoria emocional, sin abrir espacio a estudios ambientales profundos, modelos de mitigación verificables y beneficios territoriales claros, la provincia pierde la posibilidad de decidir con información.
¿Significa esto que hay que hacer cualquier represa? No.
Significa que hay que evaluar bajo condiciones exigentes: seguridad, utilidad pública real, monitoreo ambiental, basado en datos, instituciones sólidas y participación social efectiva. Significa diseñar proyectos del siglo XXI, no repetir esquemas del pasado.
La batalla cultural, entonces, no es contra el ambiente ni contra la memoria social. Es contra la simplificación. Es aceptar que los ríos ya están gestionados regionalmente y preguntarnos cómo esa gestión puede generar beneficios verificables para los misioneros.
Y también es reconocer un riesgo silencioso: el desarrollo no espera. La inversión productiva se dirige hacia donde la energía es confiable y entregable. Si Misiones no discute en serio cómo escalar su infraestructura, otros territorios lo harán; ya lo están haciendo.
Hace tres décadas, el debate sobre Yacyretá estuvo atravesado por temores legítimos y errores de gestión. Hoy contamos con más información, mejores estándares y una experiencia acumulada que permite exigir más y mejor. Lo que falta no es capacidad técnica. Es madurez cultural para discutir sin consignas.
Quizás la pregunta que deberíamos hacernos, no es si queremos “otra represa”. La pregunta es si estamos dispuestos a dar la batalla cultural necesaria para evaluar nuestros recursos con rigor, exigir estudios ambientales profundos, garantizar participación real y diseñar proyectos que dejen obras, empleo, formación y energía más estable y más accesible.
Misiones no es pobre en recursos. Es rica en agua, en conocimiento y en experiencia. La cuestión es si logra transformar esos activos en desarrollo sostenible o si deja que el prejuicio simbólico cierre debates antes de empezar.
Roberto Balmaceda, Ing. Hidráulico UNLP MP 2598 y Andrés Raúl Ayala, Ing. Hidráulico y Civil UNLP MP 1504.
Plan B/ 5-3-2026

