La historia de Valentina Ferrari D’Agostini no es la de un golpe de suerte, sino la de un proceso largo, sostenido y profundamente personal. Nacida en Oberá, hoy con 27 años y radicada en Milán (Italia), la modelo y actriz misionera forma parte de la esperada secuela de ‘El Diablo viste a la moda 2’, dirigida por David Frankel (quien ya dirigió la primera entrega estrenada en 2006), una experiencia que marca un antes y un después en su carrera.
“Soy simplemente una persona que está en búsqueda de nuevos crecimientos y de nuevas aventuras. No me quedo con lo que sé, sino que me quiero quedar con lo que quiero saber y lo que voy a aprender”, expresó la joven en diálogo con Plan B, dejando en claro que su motor no es solo el éxito, sino la evolución constante.
Lejos de cualquier construcción superficial, Valentina se detiene en los valores que la trajeron hasta acá. “Siento que en la parte de los valores sigo siendo la misma. Vengo de una familia trabajadora, normal. Mi papá era chofer de colectivos de la empresa Expreso Singer y mi mamá trabaja en el Ministerio de Salud. Siempre tuve ese respaldo y ese empuje para creer en mí”, contó.

Su llegada a Europa no fue improvisada. Primero intentó estudiar comunicación en Buenos Aires, pero decidió apostar de lleno por el modelaje, una actividad que ya venía desarrollando. “Dejé todo para probar con la carrera que venía trabajando hace años. Y cuando empecé a generar redes con agencias en Europa, dije: ‘probemos y sigamos por acá’”, recordó.
Fue en 2018 cuando tomó la decisión que cambiaría su vida: viajar a Italia en busca de nuevas oportunidades. Lo que en un principio era una experiencia más dentro de su carrera terminó convirtiéndose en un proyecto de vida. “Llegué con la idea de probar, de ver qué pasaba, y me terminé quedando. Empecé a construir contactos, a trabajar con agencias y a entender cómo funciona este mundo acá”, explicó.
El proceso de adaptación no fue sencillo. “Como toda migración, necesitás tiempo. Tenés que conocer la cultura, que te conozcan a vos, entender cómo funciona todo. No fue fácil al inicio”, explicó. En ese camino, el idioma también fue un desafío que logró superar: hoy habla italiano, inglés y se maneja en portugués, incluso mezclando lenguas con naturalidad.

De las pasarelas a la pantalla grande
La oportunidad de integrar el elenco de El Diablo viste a la moda 2 llegó tras un casting masivo en Milán. “Había muchísimas chicas. Nos hicieron hacer dos pasadas: una más fashion, tipo desfile serio, y otra más comercial. Cuando me tocó la comercial dije: ‘este es mi momento’. Ahí pude ser yo”, relató.
Esa autenticidad fue clave. “Me divertí muchísimo. Y cuando salí del casting, más allá del resultado, sentí algo que no siempre pasa: estaba contenta conmigo misma”, agregó.
Semanas después, la noticia que esperaba: había quedado seleccionada. “Mi agente me llamó y me dijo que había quedado. No lo podía creer”, recordó. El rodaje se realizó en la emblemática Pinacoteca de Brera, un lugar cargado de historia. “Viví siete años en Milán y nunca había entrado. Siempre decía que quería hacerlo en un momento especial… y terminé filmando ahí. Fue muy fuerte”, expresó.

Durante las jornadas de grabación, compartió escenas con figuras internacionales como Meryl Streep y Stanley Tucci, además de coincidir con Lady Gaga, una de sus artistas favoritas.
“Estar ahí ya era increíble. No es que te volvés amigo, pero compartís horas de rodaje. Con Tucci, por ejemplo, tuvimos un intercambio breve, muy cordial. Me preguntó de dónde era, hablamos un poco de Argentina. Fue algo simple, pero muy especial”, relató.
Raíces, formación y una historia de esfuerzo
Más allá del impacto de la experiencia, Valentina remarcó el trabajo interno que la llevó hasta ese lugar. “La actuación me ayudó muchísimo a perder el miedo al ‘qué dirán’. A entender que si me dicen ‘divertite’, me tengo que divertir. Eso fue lo que hice en el casting y creo que marcó la diferencia”, sostuvo.
Asimismo, su historia personal es clave para entender el recorrido. Valentina creció en Oberá, en una familia trabajadora y con recursos limitados, pero con una red de apoyo fundamental. “Tuve la posibilidad de estudiar en el Instituto Carlos Linneo gracias a mis tíos de Noruega. Mi tío abuelo era como mi padrino de estudios”, contó.
Ese vínculo familiar fue determinante. Un hermano de su abuela había emigrado joven a Noruega, donde formó su vida. Desde allí, junto a su esposa, acompañaron la formación de Valentina. “Ellos me ayudaron a acceder a una educación que de otra manera hubiera sido imposible. Incluso después de que mi tío falleció, su esposa siguió apoyándome para que pudiera aprender inglés”, recordó.
Gracias a ese impulso, también estudió el idioma en una academia, lo que más tarde le permitió desenvolverse en el exterior. “Me decía que quería que pudiera comunicarme con mis primos. Y tenía razón, eso después fue clave para todo lo que vino”, explicó.
Su formación artística comenzó desde muy chica, en talleres de teatro en Oberá. “Tenía 8 o 9 años y ya hacía actuación. Me acuerdo que una vez tenía que imitar un animal y dije que era un tigre, que era fuerte, la reina de la selva. Son cosas que decís de chica, pero que después entendés que siempre estuvieron en vos”, relató.
También habló de momentos difíciles en su camino, especialmente durante su adolescencia. “Sufrí bullying por ser muy flaca. Incluso cuando empecé a trabajar, había comentarios muy duros. A los 14 años no tenés herramientas para defenderte. Hoy lo veo distinto, lo acepto y digo: ‘esta soy yo’”, reflexionó.
Esa evolución personal también se refleja en su presente profesional. Hace más de cuatro años se forma como actriz y recientemente consiguió representación, lo que amplía sus posibilidades. “Esto me abrió muchas puertas, sobre todo en la actuación. Me estoy preparando, invirtiendo en mi carrera, en materiales, en formación”, explicó.
Entre sus objetivos aparece con fuerza Estados Unidos. “Me están tramitando la visa de trabajo y me gustaría ir, seguir creciendo. Uno de mis sueños es estudiar en el Actor Studio. Pero todo es paso a paso, con esfuerzo”, afirmó.
Su experiencia en “The Gentlemen”
Vale mencionar que no es la primera convocatoria que Valentina forma parte de un set de filmación para un proyecto audiovisual. En mayo del año pasado trabajó en la serie “The Gentlemen”, dirigida por Guy Ritchie. “No soy protagonista, pero formar parte del elenco fue una experiencia muy enriquecedora porque me permitió experimentar otro lenguaje. Creo que mezcla muy bien actuación y moda, y quizá sin saberlo me sembró la curiosidad por ambos universos. Hoy me interesa seguir explorando esa dimensión, crecer y no limitarme a una sola forma de expresión”, había contado meses atrás en una entrevista con el portal elplanetaurbano.com.
Para la obereña la actuación apareció como una inquietud paralela. “Siempre me gustó interpretar, contar historias. La moda tiene algo de eso, porque cada desfile es un personaje, pero sentía que quería ir más allá. En la pasarela, interpreto una estética; en la actuación, una historia completa. Tenés que entender el contexto, la psicología del personaje, su recorrido. Modelar me dio disciplina, presencia escénica y seguridad frente a cámara, que son herramientas fundamentales para actuar. Pero en un set todo es más introspectivo, más técnico, más colectivo”, destacó.

Valentina también hizo hincapié en desmitificar su profesión. “La gente piensa que todo te lo pagan, pero no es así. Muchas veces soy yo la que invierte en viajes, estadías, formación. Es un trabajo como cualquier otro. Soy mi propia empresa, mi propio motor”, señaló.
En ese sentido, su mensaje es claro: “Con empeño y ganas, las cosas llegan. Yo me propuse muchas metas y, aunque tardaron años, las fui logrando”.
A pesar de la distancia, mantiene intacto su vínculo con Misiones. “Siempre llevo yerba, miel, cosas de allá. Hago chipas, tomo mate. La cultura misionera está presente en mí”, contó. Incluso, junto a su pareja italiana, trabajan en un proyecto audiovisual inspirado en esa identidad.
Sobre su forma de ver la vida, dejó una definición que resume su recorrido: “Soy muy espiritual. Creo en las energías, pero también creo que uno es responsable de lo que genera. Si vos no te cuidás, esa luz se apaga”.
Y cerró con una frase que sintetiza su presente y su proyección: “No le tengo miedo al éxito. Voy con calma, pero sin miedo”.

Plan B / 2-5-2026

