Por Leandro Baez
En Plan B amamos el fútbol, y a pesar de que somos un medio dedicado a la economía, las empresas y la política, consideramos que no hay ninguna situación de la vida que no se pueda asimilar a alguna circunstancia de este juego que nos apasiona.
Pep Guardiola dijo una vez: “El jugador que va al banco de suplentes, ese, es el primero que quiere que el equipo pierda”.
La revelación de Guardiola sirve para ilustrar lo que está pasando en las numerosas filas de la Renovación, un número indeterminado de militantes y funcionarios, que se sienten relegados o “en el banco de suplentes” están cada vez más enojados, dolidos, y resentidos; y cada día que pasa pierden un poco más las esperanzas de salir otra vez a la cancha como titulares.
Toda esa masa de militantes que no tienen jefes ni organización, crece imparable y amenaza con ser un boomerang para el oficialismo. Y se da como un fenómeno inédito en sus casi 25 años de vida.
Está potenciado además por una característica de la Renovación: como en el Ejército, nadie dice lo que piensa abiertamente, cuando es algo negativo.
Sin embargo, a medida que el descontento crece, la disciplina se disipa y empieza a despuntar una forma de pensar cada vez más clara: se sienten olvidados.
Vistos desde afuera: son dirigentes de segundas y terceras línesa que no entienden que su tiempo ya pasó, que su forma de hacer política es rechazada por buena parte de la sociedad, y que dificilmente reciban un llamado para ser convocados nuevamente y sentirse protagonistas.

¿Cómo se autoperciben ellos? Como dirigentes que trabajaron incansablemente militando para la Renovación, que pusieron tiempo, esfuerzo y agacharon muchas veces la cabeza “tragando sapos” y apoyando a figuras que no les gustaban o vieron como los relegaban una y otra vez con la promesa de “la próxima te va a tocar a vos”.
Ahora apenas cobran sus magros sueldos, porque casi todos tienen algún empleo permanente en el Estado provincial, pero el teléfono ya no les suena como antes, fueron relegados y lo más importante: nadie se los dijo con claridad. Nadie vino a retirarlos.
Lo sospechan hace tiempo, pero un poco por no perder las esperanzas, un poco autoengañándose, un poco porque no tienen un Plan B, fueron apostando a que los buenos tiempos van a volver y ahora se dan cuenta cuál es la dura realidad.
Plan B siempre dijo que la Renovación NEO como antes la Renovación 2.0 no son otra cosa que planes de jubilación masiva: no es tan importante los que llegan, sino que Rovira los usa como una forma de refrescar el espacio, sacar a caras que restan y son un lastre, aunque sin decirle a la cara: Ya no me servís, gracias.
Eso siempre pasó en menor medida en el espacio que gobierna, pero antes se gerenciaba de otra manera y la tremenda fuerza arrolladora del partido hacía que los relegados agacharan la cabeza y aceptaran su destino sin chistar, sin embargo, ahora corren otros tiempos políticos.
Cuando el oficialismo era un espacio vibrante, en constante mutación y crecimiento, con paso ganador y arrasaba en cada elección, no costaba pasar a retiro a cuantiosas filas de militantes, que siempre quedaban “enganchados” a alguna prebenda del Estado (porque “Dios aprieta pero no ahorca”).
En cambio, ahora, el oficialismo parece un barco sin capitán, sin un rumbo establecido. Con Rovira que se fue a París, donde disfruta de su hija Miranda, de 25 años, cada vez más establecida en los círculos de diseñadores, artistas, influencers, modistas y demás fashionistas de la Ciudad Luz, la más elegante del mundo, por lejos.
Al no terminar de proponer un rumbo nuevo, con nuevas figuras, fuerza arrolladora como la de antaño, todos estos relegados no encuentran una motivación para seguir obedeciendo y esperar que “les caiga algo”.
Son un lastre, un peso muerto que quieren, como diría Pep, que “el equipo pierda”.

Además, van perdiendo el temor reverencial que tenían a no abrir la boca, decir lo que pensaban o manifestar descontento.
Acá en Posadas, en el todavía no tan caluroso verano, muchos de estos “Pichados” no pudieron siquiera irse a las playas de Brasil y tuvieron que conformarse con veranear en El Brete.
Passalacqua también los relegó con sus designaciones en la 2da línea
Las designaciones de Hugo Pasalacqua de figuras de segunda línea en lugares como la Biofábrica, la subsecretaria de Industria y otros espacios, no hicieron sino confirmar que en la Renovación ya no parece haber lugar para estas segundas y terceras líneas.
Esta masa de militantes, que no se anima a dar un portazo porque no tienen a dónde ir o alguien que les ofrezca un lugarcito por sus servicios, crece aceleradamente sin jefes y sin organización.
Algunos dicen que el día de mañana podrían aglutinarse en torno a una figura como Maurice Closs, en el caso de que algun día se concretara ese regreso con el que el dos veces ex gobernador parece siempre amagar. Closs cumple 55 años en junio, está en una edad ideal.

Primero fueron los estatales, luego los militantes
En rigor, los militantes renovadores descontentos son una extensión del malestar que comenzó con los estatales, policías, docentes y sanidad, por citar a los principales gremios, que hicieron campaña contra la Renovación y fueron corriendo a votar a Ramón Amarilla, con el ex suboficial preso en Cerro Azul.
El resultado se sabe: Amarilla ganó desde la cárcel, sin abrir la boca, en Posadas. La capital misionera, por si algun desprevenido no lo sabe, es el territorio donde más conchabos en el Estado, casas del IPRODHA, contratos, prebendas y trabajos repartió el oficialismo.

Y sin embargo, a la Renovación le cuesta horrores ganar allí. Por eso es bueno recordar las sabias palabras de “Pep” Guardiola, el que va al banco, quiere que pierdas.
En Plan B siempre diferenciamos dos etapas bien marcadas de las últimas dos décadas de la Renovación, que podríamos caracterizar así:
Etapa 1: mucha plata, muchos recursos del Estado, pocos amigos (o necesidad de sumar amigos). La combinación de 1 y 2 dio como resultado una repartija descomunal de todo tipo de ventajas. Características: mayor ciclo de crecimiento económico de la historia Argentina (2003-2008), a “tasas chinas”, boom recaudatorio y un Estado en expansión permanente: contratar, contratar y contratar.
Cualquier militante podía acercarse y sin muchos logros, reclamar un lugarcito en el Estado, no solo para sí, sino “para el hijo del primo de un amigo”.

Esta etapa fue desde el 2003 (aún no se había constituido la Renovación pero gobernaba Rovira) hasta el final del segundo mandato de Closs, en 2015.
Etapa 2: Poca plata, y muchos amigos. Fue la época donde la Renovación se transformó en un bondi lleno, en horas pico, donde todos igual querían seguir subiendo a pesar de que ya no cabía ni un alfiler.
Esta segunda etapa arrancó con el primer gobierno de Hugo Passalacqua (en diciembre de 2015) y se podría decir que fue hasta las PASO de agosto de 2023 o quizás, hasta la protesta de los policías y estatales de mayo del 2024, cuando se dio lo impensado: un grupo de maestros fue a protestar a la puerta de la casa de Rovira.
La característica: restricciones presupuestarias de todo tipo y un Estado provincial que ya no creció, se terminaron las grandes obras (Yacyretá, IPRODHA, etc) y paulatinamente la estrechez se fue acentuando hasta tener Ministerios que apenas tienen para pagar la luz y los sueldos.
Fueron ocho años donde la Renovación se las ingenió para ganar elecciones, conseguir adhesiones y seguir empujando fuerte, más con palmadas y promesas, que con reparto de prebendas reales.
“No hace falta tener poder y plata, con que los demás piensen que tenés poder y plata”, alcanza, dicen algunos.
Pero claro, el tiempo fue pasando y funcionarios, militantes, intendentes, etc, se fueron dando cuenta que la promesa de tiempos mejores nunca se materializaba.
En gran parte, hay que decirlo, por obra y gracia de un país que está en crisis hace más de 10 años. Y ni hablar ahora que el gobierno libertario impone hacer recortes en la estructura del Estado provincial.

La respuesta la tiene Rovira
¿Qué puede pasar en los próximos meses con esta masa de militantes que se sienten relegados, que crecen en su descontento y que no encuentran un cauce por donde canalizar su malestar?
La respuesta la tiene el jefe de la Renovación, Carlos Rovira. Su liderazgo puede lograr encausar a los “pichados”, dotar de un rumbo claro a su partido, de nuevas figuras “a cargo” que puedan ordenar los distintos sectores, y disciplinar a las tropas.
Pero el gran interrogante que se plantea Plan B, es: ¿Tiene Rovira ganas de hacerlo? La forma en que abandonó el recinto en la sesión especial del 10 de diciembre, para este diario habla mucho más del estado de ánimo del conductor, que cien discursos.
Se lo contamos una vez más, y le recordamos cómo fue esa misma escena un año antes.
Sesión especial del 10 de diciembre de 2024: Terminó la sesión, Rovira se paró, las máximas autoridades fueron a abrazarlo, todo el mundo se puso de pie y esperó paciente, que el conductor, rodeado de fotógrafos, autoridades, séquito, fue saludando uno a uno a los legisladores, funcionarios, jueces, etc., en el hemiciclo del recinto de la Legislatura. Eso fue hace un año y poco más.
Esto pasó hace un mes:
Sesión especial del 10 de diciembre de 2024: en el cuarto intermedio, cuando media legislatura se paró para estirar las piernas, ir al baño, tomar algo, Rovira se paró discretamente, casi nadie se le acercó, el solo fue topándose con algunos legisladores propios y extraños y los fue saludando, intercambiando algunas palabras.
Y lo más importante, tranquilo, sonriente, contento con no ser el centro de atención. Hasta que aprovechó y antes de que todos volvieran a sus sillas, hizo mutis por el foro y ya no se lo volvió a ver.
Claramente, el conductor ya no quiere liderar desde el trato reverencial, el boato, los eventos con las planas mayores que le rendían pleitesía.
¿Está cansado? ¿Está aburrido? ¿Se está yendo de a poco?
La respuesta a ese interrogante atravesará la vida política de Misiones en los próximos años.
Plan B/ 13-1-2026

