Super Bowl.

Bad Bunny hizo his­to­ria con su show, que batió un récord de espectadores

Su pre­sen­ta­ción en el Super Bowl fue vista por 142,3 millo­nes de espec­ta­do­res; men­sa­jes cifra­dos y gui­ños polí­ti­cos.

SANTA CLARA, Cali­for­nia.- Bad Bunny no solo hizo his­to­ria por la forma con la que afrontó su show en el medio tiempo del Super Bowl 2026 o por cómo le dio un lugar pri­vi­le­giado a todos los lati­nos, para demos­trar que Amé­rica es mucho más que los Esta­dos Uni­dos. El artista puer­to­rri­queño hizo his­to­ria lite­ral­mente al lograr supe­rar el récord de audien­cia del des­canso de la Super Bowl. Según los datos reco­gi­dos des­pués de la cele­bra­ción, el can­tante puer­to­rri­queño, que el vier­nes, sábado y domingo pró­ximo se pre­senta en River, con­gregó a 142,3millo­nes de espec­ta­do­res delante de la tele­vi­sión. O lo que es lo mismo, con­si­guió supe­rar el récord his­tó­rico de espec­ta­do­res en el des­canso de un Super Bowl. Y todo eso uti­li­zando solo el espa­ñol durante toda la actua­ción.

A lo largo de poco más de 13 minu­tos, el artista puer­to­rri­queño des­plegó una puesta en escena atra­ve­sada por refe­ren­cias a la his­to­ria, la cul­tura y la expe­rien­cia migra­to­ria lati­noa­me­ri­ca­nas, en un con­texto mar­cado por el endu­re­ci­miento del dis­curso ofi­cial sobre inmi­gra­ción bajo la segunda pre­si­den­cia de Donald Trump.

La esce­no­gra­fía incluyó imá­ge­nes de una plan­ta­ción de caña de azú­car, una bar­be­ría de barrio, una bodega neo­yor­quina y la ya recu­rrente “casita” puer­to­rri­queña. El reco­rrido visual remi­tió tanto al pasado colo­nial de la isla como a la vida coti­diana de la diás­pora latina en Esta­dos Uni­dos, y fun­cionó como hilo con­duc­tor de un relato que arti­culó tra­bajo, comu­ni­dad y memo­ria his­tó­rica.

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La ban­dera que hizo fla­mear es la del movi­miento inde­pen­dista puer­to­rri­queño.
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Bad Bunny inter­pretó el tema subido a un poste de elec­tri­ci­dad, rodeado de tra­ba­ja­do­res, en una alu­sión directa a una red obso­leta y pri­va­ti­zada tras el hura­cán María.

Pese a las expec­ta­ti­vas de un men­saje directo con­tra el gobierno, Bad Bunny evitó con­sig­nas explí­ci­tas, pero no el con­te­nido polí­tico. Cantó mayo­ri­ta­ria­mente en espa­ñol, rei­vin­dicó una iden­ti­dad pana­me­ri­cana al remar­car que Amé­rica no se limita a un solo país y colocó en el cen­tro del espec­tá­culo esce­nas aso­cia­das al tra­bajo, la migra­ción y la vida coti­diana de las comu­ni­da­des lati­nas. En un con­texto atra­ve­sado por el endu­re­ci­miento del dis­curso ofi­cial sobre el idioma, las depor­ta­cio­nes y la iden­ti­dad nacio­nal, esas deci­sio­nes ope­ra­ron como una forma de con­fron­ta­ción sim­bó­lica con la narra­tiva pro­mo­vida desde la Casa Blanca.

La elec­ción del espa­ñol adqui­rió una rele­van­cia polí­tica par­ti­cu­lar en el marco del actual clima polí­tico en los Esta­dos Uni­dos.

Tras asu­mir su segundo man­dato en enero de 2025, Donald Trump firmó una orden eje­cu­tiva que esta­ble­ció al inglés como único idioma ofi­cial del gobierno fede­ral, una medida que forma parte de un endu­re­ci­miento más amplio del enfo­que ofi­cial sobre inmi­gra­ción e iden­ti­dad nacio­nal. En ese con­texto, y en el evento tele­vi­sivo más visto del país, el espa­ñol ocupó un lugar cen­tral y deli­be­rado.

El resul­tado. Las repro­duc­cio­nes en Spo­tify de Bad Bunny en los Esta­dos Uni­dos aumen­ta­ron un 470 % y las glo­ba­les cre­cie­ron un 210 % tras su espec­tá­culo del medio tiempo del Super Bowl. En cuanto subió al esce­na­rio, los fans reac­cio­na­ron de inme­diato, recu­rriendo a Spo­tify en tiempo real para inte­rac­tuar con su música durante y justo des­pués de la pre­sen­ta­ción de medio tiempo. Los invi­ta­dos sor­presa de Bad Bunny tam­bién regis­tra­ron aumen­tos, con las repro­duc­cio­nes de Ricky Mar­tin subiendo un 145 % en los EE. UU. des­pués de la pre­sen­ta­ción, según los datos de Spo­tify. Tiene ade­más cin­cuenta millo­nes de segui­do­res en Ins­ta­gram.

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La esce­no­gra­fía incluyó imá­ge­nes de una plan­ta­ción de caña de azú­car, una bar­be­ría de barrio, una bodega neo­yor­quina y la ya recu­rrente “casita” puer­to­rri­queña.

 

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Su pre­sen­ta­ción en el Super Bowl fue vista por 142,3 millo­nes de espec­ta­do­res; men­sa­jes cifra­dos y gui­ños polí­ti­cos.

Bad Bunny actual­mente ocupa los seis pri­me­ros pues­tos de la lista dia­ria de can­cio­nes más escu­cha­das en Spo­tify en EE. UU. y, solo en enero, superó los 1300 millo­nes de repro­duc­cio­nes a nivel glo­bal, mien­tras los fans revi­sa­ban su música antes del Super Bowl.

El número 64. Otro de los ges­tos más elo­cuen­tes fue la cami­seta con el número 64 que lució Bad Bunny, acom­pa­ñada por la ins­crip­ción “Oca­sio”, uno de sus ape­lli­dos. La cifra remite al con­teo ofi­cial ini­cial de muer­tes tras el hura­cán María, en 2017, un número que fue rápi­da­mente cues­tio­nado por orga­ni­za­cio­nes y exper­tos por mini­mi­zar la mag­ni­tud real de la tra­ge­dia. Estu­dios pos­te­rio­res ele­va­ron el número de falle­ci­dos a cerca de 3000, y con el tiempo el 64 se trans­formó en un sím­bolo de nega­ción polí­tica y aban­dono ins­ti­tu­cio­nal. En el con­texto del show, la cami­seta fun­cionó como una acu­sa­ción silen­ciosa y como un recor­da­to­rio del impacto de la catás­trofe sobre los 3,2 millo­nes de puer­to­rri­que­ños.

La casita. Otro sím­bolo cen­tral fue la “casita”, una estruc­tura de con­creto rosa ins­pi­rada en la arqui­tec­tura domés­tica de Puerto Rico que se ha con­ver­tido en un ícono visual den­tro del uni­verso de Debí Tirar Más Fotos. Lejos de ser un sim­ple ele­mento esce­no­grá­fico, replica una vivienda real de Huma­cao y actúa como un puente sen­so­rial hacia la isla, evo­cando la vida comu­ni­ta­ria de barrios y zonas rura­les, y tras­la­dando esa expe­rien­cia íntima a un público glo­bal. La casita ha fun­cio­nado tam­bién como segundo esce­na­rio en parte de la gira DeBí TiRAR MáS FOToS World Tour. Su pre­sen­cia en el Super Bowl resig­ni­ficó ese espa­cio como lugar de per­te­nen­cia, comu­ni­dad y per­ma­nen­cia, en un con­texto atra­ve­sado por la gen­tri­fi­ca­ción, el turismo de lujo y los des­pla­za­mien­tos eco­nó­mi­cos que han trans­for­mado el pai­saje urbano y rural de Puerto Rico.

Lo que pasó en Hawái. El reper­to­rio del show se apoyó de manera cen­tral en can­cio­nes atra­ve­sa­das por una fuerte carga social. Entre ellas, Lo que le pasó a Hawái fun­cionó como una adver­ten­cia explí­cita sobre el riesgo de que la cul­tura puer­to­rri­queña sea des­pla­zada por la lle­gada masiva de capi­tal extran­jero, en un para­le­lismo directo con la expe­rien­cia hawaiana.

Uno de los momen­tos más sig­ni­fi­ca­ti­vos llegó cuando Ricky Mar­tin tomó el micró­fono para inter­pre­tar el tema, trans­for­mán­dolo en una decla­ra­ción colec­tiva sobre el des­tino de la isla. La letra pone en pri­mer plano el des­pojo coti­diano —la pér­dida del terri­to­rio, del barrio y de los vín­cu­los fami­lia­res— y apela a la memo­ria cul­tu­ral como forma de resis­ten­cia, hasta cerrar con una frase que sin­te­tiza el temor com­par­tido: que Puerto Rico siga el mismo camino que Hawái.

“El apa­gón”. La escena de El apa­gón fue una de las más explí­ci­tas del show. Detrás de Ricky Mar­tin, jíba­ros con pavas (cam­pe­si­nos con som­bre­ros tra­di­cio­na­les de paja) tre­pa­ron pos­tes de luz que esta­lla­ban, una ima­gen directa de los cor­tes eléc­tri­cos recu­rren­tes y del dete­rioro de la infraes­truc­tura ener­gé­tica de la isla. Agri­cul­to­res tra­di­cio­na­les, ves­ti­dos de blanco y con som­bre­ros de paja, encar­na­ron el con­traste entre una tra­di­ción rural per­sis­tente y una moder­ni­dad fallida.

Luego, Bad Bunny inter­pretó el tema subido a un poste de elec­tri­ci­dad, rodeado de tra­ba­ja­do­res, en una alu­sión directa a una red obso­leta y pri­va­ti­zada tras el hura­cán María. Lan­zada en 2022, la can­ción con­densó el har­tazgo acu­mu­lado por años de apa­go­nes cró­ni­cos y denun­ció un modelo eco­nó­mico que favo­rece a inver­so­res exter­nos mien­tras impone pre­ca­rie­dad y ser­vi­cios ines­ta­bles a los resi­den­tes. La ban­dera celeste. Entre los ges­tos más suti­les estuvo la ban­dera puer­to­rri­queña que portó en escena. No era la ver­sión ofi­cial, sino la ban­dera celeste aso­ciada al movi­miento inde­pen­den­tista. Con­serva la estre­lla y las fran­jas rojas y blan­cas, pero reem­plaza el azul marino por un celeste que his­tó­ri­ca­mente sim­bo­lizó una rup­tura con la ico­no­gra­fía esta­dou­ni­dense.

A fines de la década de 1940, esa ban­dera fue prohi­bida en la isla. Bad Bunny la men­ciona en La Mudanza, la can­ción que cie­rra Debí Tirar Más Fotos, donde expresa su deseo de que “la ban­dera celeste” lo acom­pañe hasta la muerte. God Bless Ame­rica. El men­saje pana­me­ri­cano alcanzó su punto más explí­cito cuando Bad Bunny dijo en inglés “God bless Ame­rica”, pero a con­ti­nua­ción enu­meró paí­ses de todo el con­ti­nente y enca­bezó un des­file de ban­de­ras. La frase dejó de refe­rirse a Esta­dos Uni­dos para abar­car al hemis­fe­rio entero. Antes del cie­rre, pateó un balón de fút­bol con cla­vos con la ins­crip­ción “Toget­her, We Are Ame­rica”, mien­tras una valla gigante pro­cla­maba: “Lo único más pode­roso que el odio es el amor”. El final fue en espa­ñol: “Segui­mos aquí”.

La elec­ción no fue casual. Desde que se anun­ció su par­ti­ci­pa­ción, el artista fue cues­tio­nado por sec­to­res con­ser­va­do­res que lo acu­sa­ron de no ser “esta­dou­ni­dense”. Trump llegó a afir­mar que “todo lo que hace es sem­brar odio”. La res­puesta del músico fue una rea­fir­ma­ción del espa­ñol, de la iden­ti­dad pan­la­tina y de una idea ampliada de Amé­rica en uno de los ritua­les más emble­má­ti­cos de la cul­tura esta­dou­ni­dense.

El ante­ce­dente más reso­nante es el video­clip de Nue­va­yol, otra de las can­cio­nes inter­pre­ta­das, en el que incor­pora una gra­ba­ción que imita la voz de Trump y en la que ese “Trump-like” se dis­culpa con los inmi­gran­tes y reco­noce que “este país no es nada sin los inmi­gran­tes”.

Plan B / Fuente: La Nación / 10-2-2026

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