Preocupación.

Desde el sector productivo de Misiones alertan que “ya no se puede producir” y cuestionan la presión de costos e impuestos

Por Victoria González

“Se juntaron todas las crisis”: empresarios advierten colapso productivo y apuntan contra impuestos, regulaciones y el modelo misionero.

En diálogo con Plan B, el empresario Alfredo Gruber y el ingeniero agrónomo Rafael Scherer trazaron un diagnóstico crudo del presente económico: presión fiscal, burocracia y un modelo provincial que, aseguran, dejó de ser viable.

En el marco de Misiones Productiva, un evento realizado este miércoles 25 de marzo en el Hotel Julio César, que buscó poner en valor el desarrollo agropecuario y empresarial de la región, referentes del sector analizaron el presente económico de la provincia. La jornada reunió a especialistas, empresarios y actores clave de la producción, el comercio y la actividad agroindustrial, con participación de disertantes locales e internacionales.

Entre los participantes estuvo el ingeniero agrónomo y empresario Rafael Scherer, gerente de la empresa Pindó, con fuerte presencia en la forestoindustria misionera. La firma desarrolla actividades que abarcan desde viveros de yerba mate y pino, plantaciones forestales, aserradero y generación de energía, hasta la industrialización de productos como pulpa de frutas tropicales y secado de yerba mate.

También participó el productor y empresario Alfredo Gruber, referente del “Establecimiento Don Guillermo”, una pyme fundada en 1976 con fuerte presencia en el sector forestal industrial argentino. Ubicada en el corazón forestoindustrial del país, la empresa cuenta con un alto nivel de integración productiva, abarcando desde plantaciones propias y de terceros hasta la industrialización de madera, con abastecimiento tanto al mercado interno como al internacional.

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Entre los participantes estuvo el ingeniero agrónomo y empresario Rafael Scherer, gerente de la empresa Pindó, con fuerte presencia en la forestoindustria misionera.

Un panorama crítico en toda la producción

El diagnóstico fue inmediato, sin rodeos y con una contundencia poco habitual incluso dentro del propio sector. “Se juntaron todas las crisis”, afirmó el ingeniero agrónomo y gerente de Pindó, Rafael Scherer.

No se trató de una frase aislada ni de una exageración retórica. A lo largo de su intervención, la idea se repitió con distintos matices, pero con un mismo trasfondo: la sensación de que el sistema productivo está llegando a un límite. “Todos los sectores están en crisis”, reforzó.

La definición no distingue entre rubros: atraviesa desde la forestoindustria hasta el agro, y refleja un deterioro generalizado que ya no puede explicarse por factores aislados.

En esa misma línea, el empresario Alfredo Gruber bajó ese diagnóstico al terreno cotidiano, donde el impacto se traduce en decisiones concretas: producir, frenar o directamente no invertir. “No me gusta llorar, pero la verdad está todo muy complicado”, sostuvo.

Incluso desde una posición que no se ubica en la oposición política —ya que reconoció haber acompañado al actual gobierno—, marcó un límite claro en la dinámica económica actual: “Aunque yo voté esto… están secando demasiado la plaza y eso no genera movimiento, porque está todo muy controlado financieramente”.

La referencia a “secar la plaza” no es menor: implica una contracción de la liquidez, menor circulación de dinero y, en consecuencia, caída del consumo y de la actividad. “La gente tiene que tener un poco más de oxígeno”, sintetizó.

Ese “ahogo” que describen no responde a una única causa, sino a una combinación de factores que, según coinciden, terminan impactando directamente en la rentabilidad y en la previsibilidad del negocio.

Entre ellos, la presión impositiva aparece como uno de los principales ejes de conflicto. Pero no solo por su magnitud, sino por su lógica de funcionamiento. “Todos anticipos, retenciones, percepciones… son agentes de todo. Tenés que hacer el trabajo por ellos. Cuando te equivocás, te hacen pagar el doble”, cuestionó Scherer.

Sin embargo, la presión fiscal no actúa sola. A ese escenario se suma un entramado de regulaciones que, lejos de ordenar, introduce incertidumbre y demora. “Está todo muy regulado y mal regulado, complicado”, definió Scherer. Y detalló una situación que, según planteó, se repite en la práctica cotidiana: “Tenemos tantas regulaciones que en algunos casos ya no sabemos cuál cumplir y cuál no, porque se superponen”.

El planteo expone un problema estructural: el sistema no solo recauda, sino que traslada al sector privado tareas administrativas propias del Estado, generando costos adicionales, riesgos y una alta carga operativa.

Por eso, el reclamo no se limita a una reducción de impuestos, sino a una revisión integral del esquema. “Se tiene que reveer toda la parte impositiva”, indicó Scherer.

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También participó el productor y empresario Alfredo Gruber, referente del “Establecimiento Don Guillermo”, una pyme fundada en 1976 con fuerte presencia en el sector forestal industrial argentino.

El problema ya no es cuánto se paga, sino si se puede producir

Por otra parte, Gruber, puso números a ese impacto: “El IVA tendría que bajar un 10%”, comentó y agregó “el producto primario no tiene ingresos brutos, pero si todos los insumos para producir, las máquinas, a veces se suma hasta el 15-16%”, explicó en diálogo con “Plan B”. Ese sobrecosto, acumulado en cada etapa del proceso productivo, termina afectando la competitividad, especialmente en economías regionales.

La superposición normativa no solo genera confusión, sino que también expone a las empresas a sanciones incluso cuando intentan cumplir.

En ese contexto, la formalidad deja de ser un camino claro: “Es a veces inviable cuando querés realmente producir bajo la ley”. Desde la experiencia diaria, Gruber reforzó esa idea con una descripción directa del funcionamiento burocrático: “Para todo tenés que pedir permiso, todo está prohibido, todo tarda meses y años para que se autorice”.

La consecuencia es un sistema que desincentiva la inversión, retrasa decisiones y encarece cualquier intento de expansión productiva.

Regulaciones que traban la producción

Con ese telón de fondo, la crítica avanzó hacia un nivel más estructural: el modelo económico provincial. “Somos una provincia que tiene un gobierno, no un gobierno que tiene una provincia”, lanzó Scherer.

La frase condensa una mirada crítica sobre el rol del Estado y su peso dentro de la economía local.

En esa línea, profundizó: “El modelo misionerista de altos impuestos y mucha presencia del Estado… está sufriendo una crisis fuertísima”. El planteo apunta a un esquema donde la presión fiscal y la intervención estatal, en lugar de equilibrar, terminan condicionando la actividad privada. “Habrá que ver cómo achicar un Estado que ha crecido más de lo que la sociedad necesita o puede soportar”.

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En el marco de “Misiones Productiva”, un evento realizado este miércoles 25 de marzo en el Hotel Julio César, que buscó poner en valor el desarrollo agropecuario y empresarial de la región, referentes del sector analizaron el presente económico de la provincia.

Brasil como contraste

La comparación con Brasil aparece entonces como un contraste inevitable. “Para empezar no tienen retenciones”, señaló Scherer. Más allá de las diferencias estructurales entre países, el punto subraya una brecha en las condiciones de competitividad.

Gruber lo sintetizó de manera más directa: “Está saltando a la vista el bienestar que tienen ellos”.

En ese contexto, las consecuencias empiezan a proyectarse más allá del presente inmediato.

La falta de rentabilidad y previsibilidad impacta directamente en el recambio generacional, un factor clave para la continuidad de cualquier actividad productiva. “Los jóvenes ya no quieren quedarse, y tienen razón… es muy, muy sacrificado”, reconoció Gruber, al referirse al desinterés de los jóvenes en seguir sosteniendo el sistema productivo en las chacras misioneras.

El dato no es menor: sin incentivos, el sector no solo pierde rentabilidad, sino también futuro. Frente a este panorama, los reclamos aparecen con claridad: menor presión impositiva, simplificación del sistema tributario, reducción de regulaciones, acceso al financiamiento y reglas estables.

Sin embargo, incluso dentro de ese listado, emerge una idea más profunda. “El cambio que necesitamos es más cultural que de otras cosas”, sostuvo Scherer. Una definición que sugiere que el problema no es únicamente técnico o económico, sino también de concepción sobre el rol del Estado y del sector productivo.

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La jornada reunió a especialistas, empresarios y actores clave de la producción, el comercio y la actividad agroindustrial, con participación de disertantes locales e internacionales.

Cuando producir se vuelve inviable: el aviso que el oficialismo no puede ignorar

El mensaje que dejaron los referentes del sector productivo no apunta solo a medidas puntuales, sino a una advertencia estructural.

“Nosotros estamos dispuestos a competir… pero necesitamos condiciones básicas más favorables”, concluyó Scherer. En un escenario donde —según describen— se acumulan restricciones, costos y falta de previsibilidad, el planteo deja de ser sectorial y adquiere otra dimensión: cuando producir deja de ser viable, el problema ya no es de un sector, sino del sistema económico en su conjunto.

Plan B / 26-3-2026

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