Opinión.

Con datos, experto afirma que Corpus "NO" y explica por qué es falso "que Misiones deja pasar el tren"

En abril del 2024, Plan B invitó a Oscar Thomas y Humberto Schiavoni, ambos ex directores ejecutivos por la EBY a compartir sus reflexiones sobre el proyecto Corpus. También desfilaron por este espacio otros expertos que promueven la revisión y construcción del represa, incluyendo a los ingenieros Andrés Ayala y Roberto Balmaceda.

En pos de escuchar a todas las voces en este debate que nos parece indispensable, el ingeniero Jonathan von Below hoy presenta los argumentos en contra de Ayala y Balmaceda y explica por qué a Misiones no le conviene considerar la construcción de Corpus, que afectará la biodiversidad y no solucionará los problemas de abastecimiento de energía para Misiones. Con muchos datos y documentación, Von Below (Facultad Cs. Forestales, UNaM) derriba el mito de que Misiones se “está perdiendo una oportunidad” que buscan instalar quienes promueven la construcción de la represa.

Corpus y Garabí: la energía que Misiones produce, paga y no controla

Una respuesta técnica y política a la narrativa desarrollista sobre la hidroelectricidad en la provincia

Por Jonathan von Below, Ing., Ph.D. ([email protected])

Una nota de opinión publicada el 5 de marzo de 2026 en Plan B Misiones, firmada por los ingenieros Roberto Balmaceda y Andrés Raúl Ayala —ambos vinculados técnicamente a la obra de Yacyretá—, propone que la principal dificultad de Misiones frente a la hidroelectricidad es de orden cultural: un “prejuicio simbólico” que impediría discutir represas “con datos”.

La tesis central es que la provincia pierde oportunidades de desarrollo por no abrirse a discutir proyectos como Corpus y Garabí-Paranambi.

Este documento responde esa posición con evidencia científica, perspectiva territorial y rigor analítico.

No por “consignismo”, sino porque el argumento de Balmaceda y Ayala incurre en omisiones graves, inversiones lógicas y una utilización interesada del concepto de “madurez cultural” que, en definitiva, desplaza la pregunta política central: “¿Energía para quién? ¿Energía para qué?”.

Esta es la pregunta que el artículo cuestionado se niega sistemáticamente a formular, y es precisamente la que una perspectiva de transición energética justa no puede eludir.

El ecosistema que no aparece en la ecuación

Llamar “prejuicio simbólico” a la resistencia de los misioneros a nuevas represas requiere primero explicar qué significa operar represas en uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta.

La Selva Paranaense: el contexto que los autores omiten deliberadamente

La Selva Paranaense —ecorregión en la que se insertan los proyectos analizados— es el remanente más importante de la Mata Atlántica en Argentina. Alberga el 52% de la biodiversidad del país: más de 564 especies de aves, 260 de peces, 150 de mamíferos, 116 de reptiles y miles de especies vegetales.

En los últimos 120 años se ha perdido el 95% de su extensión original; el 5% restante se concentra mayoritariamente en Misiones.

El mayor desastre ambiental documentado en esta ecorregión fue precisamente el embalse de Itaipú, que inundó aproximadamente 1.200 km² que albergaban cientos de especies vegetales y animales.

En la propia provincia de Misiones, la represa del arroyo Urugua-í causó la extinción del Pato Serrucho (Mergus octosetaseus), única extinción de fauna silvestre de ese tipo registrada en el país.

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Estos no son datos culturales: son datos ecológicos.

Los datos del estudio de inventario hidroeléctrico EBISA-Eletrobras (2010) indican que sólo la represa Garabí a cota 89 m afectaría aproximadamente 20.000 hectáreas de bosque nativo (Selva Fluvial y remanentes de Selva Mixta) y alrededor de 24.000 hectáreas de pasturas naturales.

El artículo de Balmaceda y Ayala no menciona ninguna de estas cifras.

Impactos ecosistémicos documentados de las represas en la región

La literatura científica internacional y regional es inequívoca respecto a los impactos de las grandes presas sobre ecosistemas fluviales y riparios:

• La retención de agua en reservorios transforma el régimen hidrológico de lótico a léntico, alterando los procesos de escorrentía, el transporte de sedimentos y la geomorfología fluvial aguas arriba y aguas abajo de las estructuras.

• El represamiento fragmenta los corredores de conectividad para especies migratorias, reduciendo los sitios de desove y reproducción e impactando directamente la biodiversidad acuática. La disminución del oxígeno disuelto provoca mortalidad masiva de peces.

• Las grandes represas afectan a poblaciones que van más allá del área inundada: personas en el área de influencia sufren limitaciones al derecho de autogestión del agua y coexistencia con la dinámica natural del río

• La Fundación Vida Silvestre Argentina y el WWF reconocen explícitamente que “el desarrollo de infraestructura —represas y rutas—” es una de las causas centrales de la degradación y pérdida de la Selva Paranaense.

La nota de Plan B trata todos estos efectos como si fueran subsanables con “marcos técnicos e institucionales” modernos.

La evidencia histórica indica lo contrario: la complejidad del sistema fluvial y la biodiversidad asociada no admiten mitigación integral mediante estándares de monitoreo.

Afirmar que hoy existen mejores marcos institucionales no responde a la pregunta de si la inundación de 20.000 hectáreas de Selva Fluvial es recuperable. No lo es.

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La demanda energética de Misiones: lo que los ingenieros no informan

Uno de los pilares argumentativos del artículo cuestionado es la afirmación de que Misiones tiene una “demanda creciente” que justificaría nuevas megainfraestructuras.

El dato es parcialmente correcto, pero su interpretación es deliberadamente incompleta.

Un análisis riguroso de la demanda eléctrica provincial revela una realidad mucho más matizada, y con implicancias radicalmente distintas.

El balance energético real de la provincia

Misiones consumió aproximadamente 3.080 GWh en 2024, según datos de CAMMESA/Fundelec, posicionándola como la tercera provincia del NEA detrás de Chaco (3.366 GWh) y Corrientes (3.101
GWh).

El NEA en conjunto consumió aproximadamente 11.110 GWh ese año.

La tasa de crecimiento anual compuesta entre 2015 y 2024 fue del 1,8-2,0%, con un incremento acumulado del 18%.

No obstante, el comportamiento reciente muestra volatilidad extrema: la demanda residencial creció de manera significativa en 2024, mientras que el sector industrial registró un retroceso de 2 puntos porcentuales respecto a 2015, lo que refleja la desindustrialización relativa de la provincia.

La composición sectorial de la demanda exhibe un perfil atípico: el 65% del consumo es residencial, frente al 43% del promedio nacional.

El sector comercial y PyMEs representa el 34%, mientras que industria y grandes usuarios alcanzan apenas el 7% —el peso industrial más bajo del NEA.

Este dato tiene implicancias estratégicas: una demanda dominada por el consumo residencial responde mejor a soluciones de generación distribuida y eficiencia que a grandes obras de infraestructura centralizada.

Cabe destacar que la provincia es única en Argentina sin un solo metro de gasoducto de red: solo el 26,6% de las viviendas tiene acceso a gas natural por red (Censo 2022, el peor indicador del país),
lo que transfiere enorme presión al sistema eléctrico y al GLP engarrafado. Esta condición estructural determina un consumo eléctrico por hogar muy superior a la media nacional.

El límite de transferencia del SADI: una vulnerabilidad que las represas no resuelven

El dato más revelador sobre la situación energética de Misiones no figura en el artículo de Balmaceda y Ayala: la provincia depende del Sistema Argentino de Interconexión (SADI) para el 70% de su
electricidad, con generación propia de apenas el 30% (aproximadamente 200 MW instalados
propios).

Esta dependencia tiene un límite físico documentado: la única línea de 500 kV que conecta Misiones al SADI tiene una capacidad de transferencia de 600 MW.

El 4 de febrero de 2025, la demanda provincial alcanzó 625,4 MW, superando ese límite.

Schiavoni propone construir la represa Corpus: empleo, crecimiento e inversiones para Misiones

El mismo mes, un colapso de tensión en el NEA restó 700 MW al sistema nacional; Misiones fue la única provincia de la región que no realizó cortes, gracias exclusivamente a su generación distribuida local.

Ese incidente es la mejor demostración empírica disponible de que la resiliencia energética no proviene de más potencia en el SADI, sino de más generación propia y descentralizada.

La demanda pico histórica provincial es de 641 MW (enero 2022).

Con un crecimiento del 1,8-2,0% anual, se estima que la demanda pico superará los 700 MW hacia 2030.

Una represa como Corpus Christi, cuya energía ingresaría al SADI y sería redistribuida a nivel nacional, no resuelve en nada la restricción de los 600 MW de la línea de transmisión provincial.

La restricción energética estructural de Misiones no es falta de generación a nivel nacional: es falta de capacidad de transmisión y de generación local.

Ninguna de las dos se resuelve construyendo una represa cuya energía vuelca al sistema interconectado.

El costo energético: la paradoja tarifaria con datos precisos

El artículo invoca implícitamente el argumento de que nuevas represas reducirían el costo de la energía para los misioneros.

La evidencia empírica disponible destruye esta tesis de manera categórica.

Según el Observatorio de Tarifas del IIEP (UBA-CONICET, agosto 2025), un hogar de altos ingresos en Misiones paga $79.386/mes por 265 kWh, frente a $38.891 en AMBA (Edenor): el doble.

Incluso para hogares de ingresos medios, Misiones supera el promedio nacional.

La composición de la factura ilustra el problema estructural: energía representa el 33%, distribución (VAD) el 41%, e impuestos el 27%.

El encarecimiento no proviene de la fuente de generación, sino de los costos de transmisión —penalizados por los factores de nodo del mercado mayorista que castigan a las regiones alejadas de los centros de generación— y del costo de distribución en un territorio de baja densidad y geografía compleja.

La propia Entidad Binacional Yacyretá declaró ante medios locales que “la cercanía geográfica no tiene relación con los costos”, validando lo que la historia de Misiones demuestra: la provincia convive con la mayor represa binacional del país a menos de 200 km de su capital y, sin embargo, sus habitantes pagan tarifas por encima de la media nacional.

En 2024, el gobierno provincial debió habilitar el pago en cuotas de las facturas eléctricas.

Yacyretá prometió energía a “costo simbólico” para los misioneros. Esa promesa no se cumplió, y no hay razón técnica ni institucional para suponer que Corpus o Garabí la cumplirían.

Las pérdidas del sistema: el potencial ignorado

Existe una fuente de “energía nueva” para Misiones que no requiere represas, no inunda selva y no desplaza comunidades: la reducción de las pérdidas del sistema de distribución.

EMSA —la distribuidora provincial que atiende al 62% de la demanda— registró históricamente pérdidas del 29% al 40% de la energía operada, frente a un promedio nacional de distribuidoras del 15,7%.

En datos concretos: en 2014 EMSA operó 1.640 GWh pero solo facturó 1.153 GWh, con 487 GWh perdidos.

Potencial de recuperación por reducción de pérdidas

Si EMSA lograra reducir sus pérdidas al promedio nacional del 15,7%, recuperaría entre 215 y 400 GWh/año.

Esa cifra equivale a la generación anual completa de la represa Urugua-í (120 MW), o a más de 15 plantas de biomasa del porte de MM Bioenergía.

Sin construir nada, sin inundar nada, sin desplazar a nadie.

Los proyectos de represa: lo que los datos técnicos realmente dicen

El artículo de Balmaceda y Ayala presenta los proyectos Corpus y Garabí-Paranambi como evidentes oportunidades perdidas.

Un análisis riguroso de sus propias características técnicas revela una
relación costo-beneficio mucho más compleja.

Corpus Christi: potencia real vs. beneficio provincial efectivo

El estudio de prefactibilidad más actualizado (COMIP, 2020) evalúa el emplazamiento Pindoí con potencias proyectadas entre 2.880 MW y 3.456 MW, según la configuración.

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La superficie de inundación permanente sería de 13.838 hectáreas (6.709 ha en Argentina, 7.129 ha en Paraguay).

Nueve áreas protegidas del lado argentino tendrían algún nivel de afectación, incluyendo las reservas ícticas de Corpus y Caraguatay (100% afectadas) y la Isla Caraguatay.

La relación 5,9 ha/MW es objetivamente mejor que la de Yacyretá (52,1 ha/MW) y se publicita como una ventaja técnica.

Este dato es correcto pero incompleto: las 13.838 ha inundadas no son pastizales degradados sino ecosistemas ribereños y selva fluvial en uno de los territorios de mayor valor de conservación del continente.

La calidad del hábitat, y no solo su extensión, determina el impacto ecológico.

La pregunta que el artículo nunca formula: de los 19.770 GWh anuales que generaría Corpus, ¿cuánto correspondería efectivamente a Misiones?

Al ser binacional, el 50% correspondería a Argentina y el 50% a Paraguay.

Las regalías provinciales se estiman en USD 38-44 millones anuales.

No existe ninguna asignación automática de energía a la provincia; hay propuestas legislativas para que el 30% de la generación con ríos misioneros quede en la provincia, pero no son legislación vigente.

La historia de Yacyretá demuestra que la proximidad geográfica no garantiza beneficio tarifario local.

La Ley Provincial 3294/96 prohíbe la construcción de Corpus tras el plebiscito de 1996, en el que el 88,63% de los misioneros votó en contra.

En agosto-noviembre de 2025, propuestas de un nuevo plebiscito generaron rechazo generalizado de organizaciones ambientalistas y sociales.

Proponer “discutir con datos” un proyecto rechazado democráticamente por una supermayoría no es un ejercicio de madurez cultural: es una tentativa de reversión antidemocrática.

Garabí-Panambí: el proyecto que ya no está en los planes de Brasil

El complejo Garabí-Panambí sobre el río Uruguay involucra una superficie de embalse de aproximadamente 96.967 ha —siete veces la de Corpus— y afectaría a 6.671 personas, con impactos sobre vegetación nativa en las cuencas argentinas y brasileñas, y afectación parcial del Parque Estadual do Turvo (Brasil) y de la Reserva de la Biosfera Yabotí.

El proyecto está paralizado judicialmente en Brasil desde 2015; el Tribunal Regional Federal 4 ratificó la paralización en 2022.

En marzo de 2024, legisladores brasileños confirmaron que Garabí-Panambí ya no figura entre los proyectos prioritarios de Brasil.

El artículo de Balmaceda y Ayala omite completamente este contexto al presentar el proyecto como una oportunidad vigente.

El análisis del artículo cuestionado omite que uno de los dos proyectos que propone discutir ya fue descartado por la contraparte brasileña —sin cuya participación el proyecto es inviable por ser binacional.

Esto no es prejuicio simbólico: es realidad institucional.

La alternativa que el artículo se niega a considerar: generación
distribuida y transición justa

El argumento de Balmaceda y Ayala presenta la disyuntiva como “represa o retraso”.

Esta es una falacia de falsa dicotomía. Existe un paradigma alternativo, técnicamente maduro, con evidencia empírica favorable y alineado con las características propias de Misiones.

Biomasa forestal: Misiones ya es líder nacional, con margen de expansión

Los autores del artículo cuestionado no mencionan que Misiones es el primer productor nacional de energía eléctrica a partir de biomasa forestal.

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Con 109 MW instalados en 9 plantas, la provincia genera el equivalente al 22% del consumo eléctrico regional del NEA a partir de residuos del sector foresto-industrial, sin inundar un solo hectárea.

El sector foresto-industrial de Misiones genera 840.000 toneladas/año de residuos con potencial energético directo, y la biomasa total excedentaria sin destino industrial se estima en
aproximadamente 5 millones de toneladas anuales.

El 30-40% de la madera de bosques implantados queda en el campo, y aproximadamente el 50% del volumen que ingresa a aserraderos se convierte en residuos.

La provincia concentra el 55% de la masa forestal implantada del país, con 419.000 ha forestadas.

Solar fotovoltaico: viable en Misiones, escala en expansión

La irradiación solar promedio en Misiones es de 4,0 a 4,7 kWh/m²/día (1.500-1.700 kWh/m²/año).

Si bien este valor es inferior al del NOA o Cuyo (6,0-7,4 kWh/m²/día), el factor de capacidad estimado para instalaciones fotovoltaicas en la provincia (15-18%) es superior al promedio mundial de plantas existentes (13,5%).

La viabilidad técnica y económica está demostrada en la propia provincia.

Misiones cuenta actualmente con 12,5 MW operativos en al menos 5 parques y 30 MW adicionales en construcción, con una meta provincial de 42,5 MW fotovoltaicos totales en el corto plazo.

El Programa Provincial de Inserción de Energías Renovables (PPIER) realizó 315 instalaciones beneficiando a más de 17.000 personas, incluyendo 5 centros de salud rurales (13.000 usuarios), 13 Ferias Francas con 250 productores, y 3 comunidades Mbya Guaraní.

Generación distribuida: cuarto lugar nacional, crecimiento sostenido

La Ley Nacional 27.424 (2017) de Régimen de Fomento a la Generación Distribuida establece el marco jurídico para que usuarios produzcan energía renovable a pequeña y mediana escala.

Misiones adhirió mediante la Ley Provincial XVI N°118 de Balance Neto (2016). Al cierre de 2024, la provincia registró 50 usuarios-generadores con 4.690 kW instalados, ubicándose en el 4° lugar
nacional en potencia de generación distribuida, según el Reporte Anual 2024 de la Secretaría de Energía.

A mayo de 2025, la cifra escaló a 91 instalaciones y 6.200 kW (6,2 MW).

Un dato especialmente relevante: la potencia promedio por usuario-generador en Misiones es de aproximadamente 94 kW, muy por encima del promedio nacional, lo que indica predominio de proyectos industriales y de mayor escala.

Misiones lidera ampliamente el NEA, duplicando en potencia a Entre Ríos, multiplicando por 2,6 a Corrientes y por 9 al Chaco.

La brecha con Brasil es la mejor evidencia del potencial disponible: mientras Argentina registra 74 MW totales en generación distribuida, Brasil supera los 39.000 MW. Esa diferencia de 500 veces no se explica por razones técnicas sino por omisión de política pública y por la persistencia del paradigma centralizado-extractivo que el artículo de Balmaceda y Ayala refuerza.

La Secretaría de Energía provincial proyecta que en 3 años la generación limpia de Misiones podría igualar la producción de la represa Urugua-í (120 MW), sin inundar nada y con empleos locales
distribuidos en todo el territorio.

Pequeños aprovechamientos hidroeléctricos (PAH): tecnología renovable de bajo impacto

El paradigma de la gran represa obscurece la existencia de una tecnología plenamente renovable, de bajo impacto ecológico y con enorme potencial en Misiones: los pequeños aprovechamientos
hidroeléctricos (PAH, hasta 30-50 MW).

La Subsecretaría de Recursos Hídricos registra más de 300 saltos y cascadas en las cuencas de arroyos misioneros afluentes al Paraná. La Facultad de Ingeniería de la UNaM-Oberá opera desde 1989 el Centro Regional de Desarrollo de Micro Aprovechamientos Hidroeléctricos (CREDMHI), con décadas de investigación aplicada en la provincia.

A nivel nacional, la potencia instalada en PAH totaliza aproximadamente 425 MW con una energía media de 1.900 GWh/año; un estudio del BID identificó 730 MW potenciales adicionales a un costo medio de 64 USD/MWh.

Misiones no cuenta aún con un inventario público consolidado de su
potencial en PAH, lo que en sí mismo constituye una omisión de política pública que debería ser prioridad antes de discutir represas de 3.000 MW.

Una estrategia de generación distribuida basada en solar, bioenergía y microhidráulica podría resolver el problema energético de Misiones sin inundar un solo hectárea de Selva Paranaense, sin desplazar a ninguna comunidad y generando empleo local calificado en instalación, operación y mantenimiento —en lugar de transferir renta a operadoras binacionales o nacionales centralizadas.

La responsabilidad institucional que el artículo ignora

Los autores del artículo cuestionado son ingenieros vinculados a la EBY —la entidad cuya gestión de Yacyretá resultó en el desplazamiento de más de 80.000 familias misioneras, la extinción de una especie endémica y la no materialización del beneficio tarifario prometido.

Que sean precisamente estos autores quienes llamen “inmadurez cultural” a la resistencia popular a nuevas represas es, como mínimo, un ejercicio de extraordinaria falta de autocrítica institucional.

Tampoco es menor que el artículo cite como evidencia de gestión “exitosa” el modelo paraguayo y brasileño de exportación de energía hidroeléctrica, sin preguntarse a qué costo ambiental y social se
construyó ese modelo, ni si ese es el tipo de desarrollo que Misiones quiere o puede permitirse dado el valor estratégico planetario de su Selva Paranaense.

Brasil gestiona más de 160 infraestructuras hidroeléctricas en un sistema integrado, afirman los autores.

Lo que omiten es que esa gestión tuvo un correlato directo en la destrucción masiva del Bosque Atlántico y en la extinción o amenaza de extinción de centenares de especies.

El modelo de Paraguay como “exportador de energía hidroeléctrica” se construyó, entre otras cosas, con la inundación de Itaipú, el mayor
desastre ambiental documentado en la ecorregión.

Presentar esto como horizonte deseable para Misiones es, técnica y éticamente, irresponsable.

La verdadera batalla cultural: contra el extractivismo con licencia verde

El artículo concluye que “lo que falta no es capacidad técnica, es madurez cultural para discutir sin consignas.”

Esta inversión retórica merece ser señalada con claridad: llamar “inmadurez cultural” a la resistencia informada a megainfraestructuras con impactos ambientales y sociales documentados, en un ecosistema críticamente amenazado, no es un argumento técnico.

Es un argumento político que intenta desacreditar la oposición sin refutarla.

La “batalla cultural” que realmente Misiones necesita dar no es contra “el prejuicio simbólico”, sino contra la persistencia de un modelo de desarrollo que concibe el territorio como recurso a optimizar para terceros.

La transición energética justa ofrece un marco conceptual y tecnológico para romper esa lógica: producción descentralizada, decisión local, beneficio distribuido.

El concepto de transición energética justa —ampliamente desarrollado en la literatura académica y en documentos de política energética— establece que la transición no puede limitarse a sustituir
fuentes de generación.

Debe garantizar: (a) acceso equitativo a energía asequible; (b) participación de las comunidades en las decisiones; (c) distribución justa de los beneficios; y (d) eliminación de las desigualdades previas en el sector.

El plan oficial de transición energética argentina (2023) define
explícitamente que una transición “justa” implica abordar las desigualdades previas, crear empleos dignos, garantizar acceso razonable a la energía a un precio asequible, e incluir a los grupos
vulnerables.

La discusión sobre Corpus y Garabí, tal como la plantea el artículo bajo análisis, no aborda ninguno de estos ejes.

La pregunta estratégica no es si Misiones “quiere otra represa”. La pregunta es si Misiones puede diseñar un sistema energético que sea coherente con la conservación de su capital natural más valioso —la Selva Paranaense— y que garantice acceso equitativo a energía para su población.

La evidencia técnica disponible indica que sí puede, y que ese camino no requiere inundar ni un solo kilómetro cuadrado de selva.

Plan B/ 15-3-2026

 

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