A poco menos de un mes de iniciar las clases en Misiones, el sector docente volvió a quedar en el ojo de la tormenta tras un informe publicado por el diputado provincial por el PAyS, Cristian Castro, a través de sus redes, el cual expone los números en salarios, números que son oficiales y preocupantes. Y, que nuevamente sacuden una realidad que en la provincia parece haberse naturalizado: enseñar es sinónimo de precariedad.
Según los datos de la Coordinación General de Estudio de Costos del Sistema Educativo, dependiente del Ministerio de Capital Humano – Secretaría de Educación de la Nación, Misiones ocupa el último lugar del país en salarios docentes de bolsillo.
En septiembre de 2025, una maestra de grado con diez años de antigüedad y jornada simple cobró $677.246,34 netos, ubicando a la tierra colorada en el puesto 24 sobre 24 jurisdicciones. No hay matices posibles: es el salario docente más bajo de la Argentina.

Muy lejos del promedio nacional
El contraste es contundente. El promedio ponderado nacional para el mismo cargo asciende a $861.390, lo que deja a Misiones $184.143 por debajo de la media. En términos reales, una docente misionera cobra un 21% menos que sus pares del resto del país por realizar exactamente el mismo trabajo.
La desigualdad se vuelve obscena cuando la comparación se traslada al sur argentino. Mientras en Misiones se debate cómo estirar el sueldo hasta fin de mes, en otras provincias una maestra percibe más del doble: Neuquén: $1.471.200; Santa Cruz: $1.308.265 y Tierra del Fuego: $1.233.803. La conclusión es tan simple como brutal: una docente neuquina gana más del doble que una misionera.
Una desigualdad que se repite, y no es un accidente
Misiones no llegó al fondo del ranking por una coyuntura aislada. Es el resultado de una política salarial sostenida en el tiempo, que combina aumentos por debajo de la inflación, parches temporales y sumas no remunerativas —como el Fondo Provincial de Incentivo Docente (FOPID)— con promesas de blanqueo que se estiran indefinidamente.
Mientras otras jurisdicciones implementan cláusulas de actualización, adicionales reales o fondos compensadores, en Misiones el salario docente queda atrapado en un esquema que consolida sueldos de pobreza. El impacto es conocido y reiterado: endeudamiento crónico, pluriempleo, licencias prolongadas, renuncias y un desgaste profesional que erosiona al sistema educativo desde adentro.
Educación barata, futuro caro
No hay calidad educativa posible con salarios que no cubren la canasta básica. No alcanza con apelar a la vocación, al esfuerzo o al compromiso cuando el propio Estado paga sueldos que empujan a la pobreza en una provincia con costos de vida elevados.
La escuela pública misionera se sostiene a pesar del salario docente, no gracias a él. Pero esa resiliencia tiene límites. Y cuando se cruzan, el costo no es individual: es colectivo.
¿Cuán es el dato que incomoda?
Los números no son una consigna gremial ni una lectura ideológica. Son datos oficiales del Estado nacional. Y colocan a Misiones frente a un espejo incómodo.
Seguir mirando para otro lado implica aceptar que la educación pública se sostenga sobre salarios de miseria. Corregir esta desigualdad exige decisión política, prioridad presupuestaria y un cambio de enfoque profundo: entender que el salario docente no es un gasto, sino una inversión estratégica.
Hoy, una vez más, los datos confirman lo que las maestras misioneras denuncian desde hace años. El diagnóstico está claro, las promesas de los funcionarios no se cumplen y las soluciones escasean.
Plan B / Diputado Provincial por el PAyS, Cristian Castro / 13-2-2026

