La industria de la madera atraviesa uno de los momentos más críticos de las últimas décadas. Así lo advierte el Informe Mensual del Mercado de Madera correspondiente a diciembre de 2025, elaborado por el ingeniero Gustavo Cetrangolo, que describe un año marcado por una fuerte caída de la demanda, un sostenido aumento de los costos productivos y logísticos, y tasas de interés elevadas que configuraron un escenario asfixiante para el sector.
Según el reporte, 2025 quedará registrado como uno de los años más difíciles para los aserraderos, comparable —aunque en sentido opuesto— con los niveles de actividad alcanzados durante la pandemia. Mes a mes, los informes publicados desde marzo reflejaron el deterioro del mercado interno y la necesidad creciente de sustituir la baja demanda local con exportaciones para sostener la actividad.
En ese contexto, estudios sectoriales coinciden en que la pérdida de rentabilidad no responde a ineficiencias productivas internas, sino a factores externos como el costo del transporte, la energía y la carga impositiva. Una investigación de la Asociación de Fabricantes de Madera y Afines (ASORA), realizada junto a 11 cámaras empresariales, señala que las PyMEs están consumiendo su capital de trabajo para sostener estructuras que el mercado interno ya no logra convalidar, lo que profundiza la capacidad ociosa y la fragilidad financiera.
El panorama a futuro aparece condicionado por la falta de una reforma estructural que reduzca los costos “puertas afuera”. Incluso con inversiones en modernización tecnológica, el informe advierte que el crecimiento sostenido de toda la cadena de valor seguirá siendo difícil de alcanzar sin cambios profundos en el entorno económico.
Por su parte, el ingeniero Ronald Vera remarcó la necesidad de incorporar tecnologías avanzadas y alertó sobre un proceso de concentración de activos forestales y cambios en el modelo productivo en Misiones y Corrientes, que podrían generar impactos sociales negativos, especialmente sobre pequeños productores.
A nivel macroeconómico, la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) indicó que la industria cerró 2025 en retroceso por tercer año consecutivo, aunque proyecta una recuperación heterogénea para 2026, impulsada por sectores con mayor vinculación al agro, la minería y la energía. En cuanto a la construcción, los indicadores oficiales muestran mejoras interanuales, aunque con señales dispares entre la obra privada y la pública.
La Fundación Mediterránea, en tanto, subrayó que el futuro del NEA dependerá de la capacidad de las provincias para adaptar sus estructuras productivas a las nuevas condiciones económicas, destacando que la competitividad y la productividad serán claves para un crecimiento sostenible.
Ante la prolongación de la crisis, muchas empresas ajustaron su producción a la demanda, reduciendo horas trabajadas y anticipando una etapa de reestructuración industrial. De cara a 2026, el sector enfrenta un escenario crítico que exigirá inversiones tecnológicas, estrategias para asegurar el abastecimiento de madera —ya sea mediante forestación propia o acuerdos estables— y un mayor énfasis en la comercialización y el desarrollo de nuevos productos. No obstante, el informe advierte que estas transformaciones solo serán viables si se reactiva la demanda y mejora el acceso al crédito a tasas razonables.
Avances y novedades del sector
En medio de la crisis, se registraron avances en el desarrollo de madera para uso estructural. La Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) impulsó la actualización de la norma IRAM 9670, que ya se encuentra vigente para especies como pino, eucalipto y araucaria. Algunos aserraderos comenzaron a liderar la clasificación y certificación de este tipo de productos, mientras se trabaja en capacitaciones, auditorías y estrategias de difusión para agregar valor y posicionar la madera estructural en el mercado.
Además, FAIMA y la Facultad de Ciencias Forestales de la UNaM lanzaron el Observatorio de Monitoreo de la Industria de la Madera y del Mueble, una iniciativa orientada a mejorar la disponibilidad de información confiable y continua, considerada uno de los principales déficits históricos del sector.
Producción, construcción y exportaciones
En diciembre, el índice de producción de madera publicado por el INDEC mostró una caída intermensual del 6,3% y una suba interanual del 11,8%, aunque desde el sector PyME aseguran que esa recuperación no se refleja en la actividad real. En paralelo, los despachos de cemento totalizaron 755.549 toneladas, con una baja del 9% mensual y del 1,3% interanual, confirmando la debilidad de la construcción.
En contraste, las exportaciones se consolidaron como una vía clave para sostener la actividad. Las ventas externas de láminas de madera crecieron un 229% en 2025 respecto al año anterior, mientras que la madera contrachapada también mostró un incremento significativo. India y Asia aparecen como mercados centrales, impulsados por la demanda del sector inmobiliario y del contrachapado.
Las exportaciones de madera aserrada de pino crecieron casi un 30% interanual, con precios estables y un mayor interés de los productores por colocar su producción en el exterior ante la persistente recesión interna. Esta estrategia, señalan, permite reducir costos fijos, asegurar cobranzas y sostener el empleo.
En cambio, las exportaciones de molduras continúan en baja, afectadas por la falta de reactivación de la construcción en Estados Unidos, su principal destino.
Señales mixtas hacia 2026
Los permisos de construcción mostraron una mejora en los últimos meses de 2025, con subas tanto mensuales como interanuales, mientras que el Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Torcuato Di Tella registró una leve recuperación en enero, aunque aún se mantiene por debajo de los niveles de un año atrás.
Con estos indicadores, el informe concluye que 2026 se presenta como un año de transición para la industria maderera, atravesado por la necesidad de adaptarse a un nuevo contexto económico, mejorar la competitividad y encontrar oportunidades en mercados externos, en un escenario que sigue siendo de alta incertidumbre.
Plan B / 9-2-2026

