Ronald Vera acaba, consultor de empresas y representante de algunas firmas proveedoras de equipamiento para la forestoindustria, participó recientemente de la Feria Lignum, realizada en Curitiba, y considerada la mayor exposición para el rubro, donde se ven los avances y lo que se viene en materia de nuevos equipos. En esta columna, comparte sus observaciones y conclusiones, donde destaca la ausencia de firmas argentinas, en momentos en que se considera que las empresas a nivel global deben adaptarse al cambio y reconvertirse, incorporando tecnología.
Curitiba fue la semana pasada el epicentro mundial de la tecnología maderera con la realización de la Feria Forestoindustrial LIGNUM. El evento reunió a los principales actores del sector, consolidándose como una vidriera indispensable para conocer hacia dónde marcha la producción global.
Durante las jornadas se presentaron innovaciones de alto impacto destinadas a transformar la producción.
Entre los mayores atractivos destacaron tecnologías que prometen dar un salto cualitativo en la eficiencia industrial:
- Robotización avanzada: Aplicada de lleno a la mecanización de procesos productivos críticos.
- Inteligencia artificial: Orientada a la optimización de recursos y maximización del rendimiento de materia prima.
- Operación industrial inteligente: Basada en la integración de sensores electrónicos de alta precisión.
Estas herramientas son hoy un recurso clave para que las pymes madereras puedan competir en los mercados internacionales. Sin embargo, detrás de los exitosos números de la feria, se evidenció una realidad sombría.

Este vacío absoluto pone en evidencia el desánimo generalizado del sector local para modernizar sus equipamientos y dar el salto hacia una nueva generación tecnológica, indispensable para sostener y ganar mercados.
El contraste regional: ¿Por qué ellos sí y nosotros no?
Toda feria internacional es el ámbito propicio para el intercambio con colegas de distintos continentes.
Ante la pregunta ineludible sobre cómo están trabajando, la respuesta global apunta a un denominador común: crisis por aranceles, mercados complejos y retrasos logísticos motivados por conflictos bélicos.
Si bien los productores argentinos compartimos estas dificultades, la realidad indica que sumamos un combo interno mucho más complejo y asfixiante:
- Mercado interno completamente paralizado.
- Rotura sistemática de la cadena de pagos.
- Encarecimiento continuo de combustibles y energía eléctrica.
- Falta absoluta de créditos accesibles para la renovación de maquinarias.
- Crecientes y agudos problemas logísticos estructurales.
Mientras puertas adentro nos debatimos en esta crisis, el contraste con el resto de la región es alarmante.
En Uruguay, la flamante tercera planta de celulosa en Paso de los Toros opera a pleno rendimiento.
Paraguay avanza con firmeza en Concepción con el proyecto Paracel, su primer gran hito forestal a escala masiva.
En Brasil, los gigantes chilenos expanden sus horizontes con el avance de CMPC en Guaíba y la construcción del complejo industrial forestal más grande del mundo: Sucuriú, de la mano de Arauco.
Frente a este dinamismo regional, nuestra realidad es diametralmente opuesta. Hace apenas unos días se confirmó la suspensión de inversiones de un gigante forestoindustrial en territorio argentino. La pregunta que flota en el aire, urgente y sin respuestas claras, interpela directamente a las políticas del sector: ¿por qué ellos sí y nosotros no?
Debate abierto:
¿Considera que las pymes madereras argentinas aún están a tiempo de reconvertirse o el retraso tecnológico actual ya es irreversible frente a sus vecinos de la región?
Plan B/ Ronald Vera / 25-9-2026
