Manuel Amores.

La increíble historia del industrial casi desconocido que se hizo cargo de la CCIP

Por Martín Boerr

Aún cuando en la Cámara de Comercio e Industria de Posadas no salen del estupor por la repentina desaparición de Sergio Guelman, quien falleció hace diez días tras un infarto, la vida continúa y Manuel Amores asumió como nuevo titular de la entidad empresaria.

Amores había sido designado vicepresidente de la CCIP hace muy poco tiempo y el 27 de abril visitó la redacción de Plan B junto a Guelman, en una entrevista donde quedó de manifiesto que ambos comparten los mismos valores y la misma mirada de la agenda de la CCIP.

¿Pero quién es este empresario casi desconocido en la escena pública misionera?

Amores tiene 45 años -casado, dos hijas-, y tiene una industria llamada “Pur Pir”, dedicada a la aislación térmica, la fabricación de cámaras frigoríficas y la impermeabilización de techos.

Es misionero porque nació en Posadas en 1978, pero a los cuatro años se fue a Buenos Aires con su madre, mientras su padre quedó en Misiones atendiendo la industria que había creado de cero, también. Vivió en Bariloche y cursó la escuela técnica pero la dejó incompleta, no porque no le gusten los fierros, sino porque es una de esas personas que prefieren hacer.

Metalúrgico

“Siempre me gustó la industria, pero no tenía paciencia para estudiar. Lo que me apasionaba era hacer”, comentó en una nota que escribió y publicó en el sitio de ADMIRA, la cámara que aglutina a los metalúrgicos.

A los 20 años regresó a Misiones para incorporarse a la empresa de su padre, Mario Emilio, quien lo mandó a hacer tareas de limpieza para que se hiciera de abajo y aprendiera todos los rincones de la fábrica, el negocio y tuviera empatía con el personal.

“Con el tiempo, fui rotando por diferentes actividades. Fui ayudante del plegador de chapa, armé carrocerías y me ocupé de las aislaciones térmicas hasta que finalmente mi padre me puso como capataz del sector”, relató Amores.

Pero se avecinaba la peor crisis económica de la Argentina, y el joven Amores se iba a quedar sin empresa familiar. En el 2001, cansado de tantos contratiempos, el padre Mario Emilio decidió cerrar la fábrica, indemnizar a todos los empleados. “Se juró que nunca más volvería a abrirla”, contó Manuel.

Crisis es oportunidad

De repente Amores se encontró en Posadas con 23 años, sin estudios y la fábrica familiar cerrada para siempre. ¿Qué hago, ahora?

“Mi plan de desarrollo profesional en la empresa familiar había quedado trunco. Corría el año 2002, y necesitaba encontrar una actividad en medio de la peor debacle económica de la historia argentina”, relató Manuel.

El padre que hacía unos años lo había mandado a hacer tareas de limpieza, le cedió un rincón del taller de la fábrica, ya vacía, y una máquina para hacer aislaciones térmicas.

“No tenía oficina ni empleados. Yo era desde el Gerente General hasta el empleado de limpieza. Ni siquiera tenía vehículo, andaba en una motito de
un lado para otro”, contó.

“Así que empecé haciendo reparaciones de cámaras frigoríficas para carnicerías y empresas alimenticias. Al comienzo, no era un trabajo metalúrgico, sino más
bien de aislación térmica con espuma rígida de poliuretano expandido. De allí el nombre de mi empresa, Protección Pur Pir, por Espuma Rígida de Poliuretano
Expandido”, explicó.

“En el 2004, cuando la economía empezó a recuperarse, comenzaron a llegar los pedidos. Conseguí clientes importantes como una fábrica de camiones, entre
otros, quienes me generaron un fuerte impulso laboral y anímico”, comentó.

Así fue como Amores se reinventó de las cenizas de la peor crisis, y ahora le tocará lidiar con la crisis que generó la repentina desaparición de Sergio Guelman.

Diálogo, trabajo en conjunto y reclamos

De perfil industrial y productivo, como sus dos antecesores inmediatos (Guelman y Sergio Bresiski), Amores buscará tener un díalogo fluido con el gobierno provincial y todas las autoridades y sectores, pero también levantar la bandera de un reclamo que para los empresarios misioneros es permanente: la presión y agresividad impositiva de Misiones, reflejada a través de la Aduana Paralela.

Incluso una de las primeras y únicas gestiones que realizó Amores junto a Guelman, con quien apenas pudo compartir unos días como su vice, fue la de llevarle al titular de la ex DGR, Rodrigo Díaz Vivar, y a el subdirector, Gabriel Petta, un documento donde detallan exhaustivamente lo que la CCIP le está pidiendo al organismo recaudador.

Entre otras cosas, Guelman y Amores le pidieron a Vivar y Petta que eliminen la Resolución 19/2022 por la cual se realizan retenciones “a cuenta” indebidas que luego son muy difíciles de recuperar, sno imposibles.

Subir el importe a partir del cual una firma actúa como agente de retención de Ingresos Brutos (es decir, tiene que empezar a recaudar y percibir impuestos por cuenta y orden de la ex DGR) que hoy es de apenas 50 millones de pesos (100.000 dólares al valor libre).

Cualquier empresa de pequeña envergadura puede superar ese monto (al año) fácilmente, distorsionando la naturaleza de esa condición de agente de percepción, que siempre se destina a firmas que tienen una envergadura que admite semejante carga.

Eso, por nombrar a los primeros dos puntos de una extensa carta donde todos los reclamos tienen por característica común que el fisco misionero no sea tan agresivo para descontar y descontar “a cuenta” dinero que muchas veces no le corresponde pero que luego tarda mucho en devolver.

Todo lo cual genera un desincentivo a la actividad económica formal y un impulso a trabajar en la informalidad.

Si sabrá Amores eso de los desincentivos a trabajar y producir que “regala” todo el tiempo la Argentina y sus políticas económicas errantes y crisis recurrentes.

Juste él, que vio -como tantos otros- como su padre entregó si vida al sacrificio de construir una empresa, dar trabajo y producir, pero que lejos de salvarse para siempre, un buen dijo bajó la persiana y se hizo un juramento: “Nunca más”.

Plan B/ 31.5.2023

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