En Formosa, cerca de Clorinda.

Paraguayos entran, roban, se tirotean con la policía rural y huyen ante la ausencia federal

“El país está regalado y la presencia del Estado no existe. Estamos cada vez peor, defendemos nuestros bienes pero también la soberanía argentina, ante la ausencia de las fuerzas federales que deberían cuidar la frontera”, dijo a LA NACION/Plan B Laura de Hertelendy, una mujer de 75 años que tiene un campo ganadero cerca de Clorinda, Formosa, donde vive hace 50 años.

El campo Clarín, de De Hertelendy, sufre constantemente los robos y saqueos de bandas de ladrones paraguayos que cada vez con mayor atrevimiento cruzan el río, entran furtivamente al país, invaden la propiedad privada, matan animales y los carnean para volver a cruzar a su país.

Es una situación que no estamos acostumbrados a ver en Misiones, donde los paraguayos van y vienen en cruces clandestinos, participan del contrabando y el narcotráfico, pero no suelen cruzar a robar ganado u otras pertenencias de los productores que viven y trabajan en la costa del río Paraná.

Todo ante la supuesta falta de accionar efectivo, dicen en la región, de la Prefectura Naval Argentina, encargada de custodiar la frontera, uno de los vértices del mapa de la Argentina. El rincón superior derecho, si se excluye la “patita” de la Mesopotamia.

Hace tres semanas, en la madrugada del martes 25 de octubre, una de estas bandas armadas de delincuentes paraguayos se tirotearon en la oscuridad con efectivos de la Unidad Especial de Asuntos Rurales UEAR Riacho Negro.

La ubicación de Clorinda, en Formosa, cera de Paraguay
La ubicación de Clorinda, en Formosa, cera de Paraguay

“Yo recién me enteré a las 5 de la mañana; a las 2 de la mañana el comisario de un pueblito que se llama Riacho Negro entró con un grupo de efectivos en un camino interno, dejaron el vehículo, la camioneta, siguieron a pie en plena noche y de golpe oyeron ruidos; les dio miedo, se tiraron al piso, había bastante agua porque había llovido. A ese grupo de policías les tiraron a mansalva, ellos respondieron”, expresó De Hertelendy.

Tiroteo y muerte

Como resultado de ese enfrentamiento, al otro día aparecieron dos paraguayos muertos, que luego fueron reclamados por familiares del otro lado de la frontera. “A los efectivos de la Policía, que actuaron en defensa propia, porque fueron atacados, les tiraron con todo, el juez los demoró pero luego los dejó ir”, explicó Hertelendy, quien había llamado a la policía y defendió el accionar de los efectivos formoseños.

Hertelendy también enfatizó que no son los policías los que deben defender la frontera, sino las fuerzas federales. El hecho también ilustra, para los productores ganaderos de la zona, la falta de respaldo que tienen los efectivos de la Policía, por la posibilidad de ser sumariados incluso por actuar en defensa propia ante el ataque de ladrones paraguayos.

Denuncian que las bandas de delincuentes desde Paraguay generan un fuerte perjuicio a la producción ganadera
Denuncian que las bandas de delincuentes desde Paraguay generan un fuerte perjuicio a la producción ganadera

El problema de los robos en esa zona es histórico, pero se está intensificando en estos últimos tiempos. “La Prefectura no tiene una presencia adecuada en esa zona, no tiene lanchas patrulleras, la presencia es mínima y carece de elementos, es una cuestión que va mucho más allá de proteger la propiedad privada, se trata de defender la soberanía nacional. Además, quienes tienen campos y viven en esa zona fronteriza están haciendo patria”, dijo a LA NACION Héctor Vieyra, un productor de Tres Arroyos que coordina un foro de seguridad rural en todo el país.

Unos kilómetros más arriba del campo de Hertelendy está la ciudad de Clorinda, que limita con la localidad de Nanawa. Desde Clorinda se pueden ver los rascacielos de Asunción, a unos pocos kilómetros de esa localidad de frontera distante a 110 kilómetros de Formosa capital.

Desde ese vértice hacia abajo, siguiendo el río Paraguay hay una serie de campos, casi todos dedicados a la ganadería, que para las bandas que llegan del vecino país son un botín demasiado tentador, sobre todo por la desprotección que tienen. En otras zonas, como en el Litoral, Prefectura cuenta con las modernas e intimidatorias lanchas rápidas Shaldag de origen israelí.

“Tenemos puestos alejados cercanos al río, donde antes teníamos familias en época no escolar, pero ahora eso se hace casi inviable. Tienen miedo, es tierra de nadie”, dijo Hertelendy, cuyo hijo empezó a recibir mensajes intimidatorios por Instagram tras el tiroteo que derivó en la muerte de dos paraguayos.

Nota publicada en La Nación el 16/11/22/ Plan B/Martin Boerr

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